Cuando los Burros Vuelen...

Cuando los Burros Vuelen...

Autobiografía de un Necio-porfiado

 

Por Edgar Calvache, JR equis1112@hotmail.com

 

Conocido como equis por algunos; pajarito por otros, o Edgar Calvache para los demás, en fin soy el mismo. Nací y crecí en la calle larga de Alausi, el temible barrio de las brujas. Gracias a mis abuelos y tíos fui bien criado apunte enrollados, machica, llapingachos, yaguar locro, tripa mishqui, chochos, nabos y otras vainitas. Mi educación primaria la realicé en la escuela San Vicente, donde la culminé sin éxitos; la secundaria también vale recalcar, la culminé con estropicios en el González Suarez.

Debido a mi tupido cerebro y frondosa ineptitud, nunca aparecí en los cuadros de honores. Es más, valga mi pesimismo, ni siquiera tenía las más remotas posibilidades. Durante mis seis años de estancia-calentando el puesto, en los únicos cuadros que aparecía reiteradamente y con gran consistencia era en los de suspensos-y-aplazados. Mi estadía en dicha institución podía haber sido más larga y calamitosa, sino fuera por la gallinita o la de whisky que tocaba dar a los maestros después de los exámenes supletorios. Al final y con unos promedios de llorar a moco-tendido, me avancé a graduar con la justas. Así que nunca exhibí mi diploma, al contrario lo escondí debajo de mi colchón donde reposa inerte de satisfacciones. Algunos maestros me decían que con esas notas tan calamitosas jamás me aceptarían en una escuela superior; al punto que cuando le pedí a uno de ellos me ayudara a conseguir una solicitud para el pre-politécnico, desestimándome y con una desairada risa burlesca exclamó “primero veo un burro volando, que tu ingresando a una universidad… Seamos realistas y pon los pies sobre la tierra…Tu no vas a poder”.

Meses más tarde, me fui introduciendo con cierto recelo en el ese entonces desconocido ambiente intelectual de la educación superior. Mi primera opción fue “Guayaquil de mis amores,” la cual me recibió con sus puertas abiertas. Ahí luego de tres meses en el pre-politécnico, ni el agobiante estudio, ni los sacrificados desvelos-de-frustrantes madrugadas, fueron suficientes para ganar la aprobación. Ya estaba notando por cuenta propia que todos esos años de derroche me habían convertido en un burro de cuatro patas. Fallé en matemáticas, química, física, biología, entre otras. Los únicos exámenes que pasé sin problemas fueron los exámenes de heces y el de sangre. Luego de eso ni siquiera me atreví a usar soborno de la botella, o el de la gallinita. Así, como en la pájara pinta tuve que pasar cantando y bailando. Así como una vez Guayaquil me había recibido con sus puertas abiertas, esta vez sentí como si me habían cerrado de un portazo en la cara. Y esta vez de “Guayaquil de mis amores,” me tocó cantar “La Riobambeñita...” Luego de esta primera derrota moral, llegué optimista y con ganas de seguir porfiando a la politécnica del Chimborazo. Quería asegurarme que mi fracaso no era por causas regionalistas; creía que no era yo, sino la universidad la que había fallado. Así, guiado por la esperanza y terquedad más que por intelecto mismo, empecé a estudiar en esta nueva institución. Meses más tarde nuevamente reprobé, comprobando de esta manera que me había convertido en un burro de cuatro patas y esta vez en potencia. Muchas veces me preguntaba en que estaba fallando. Si yo había estudiado mucho-al igual que lo hice en Guayaquil, y sin embargo no veía resultados fructuosos. Es ahí donde aprendí que si quería algo que nunca tuve, tenía que hacer algo que nunca había hecho; un sacrificio más grande, disciplinado y concreto. Seguido a este nuevo fracaso, pausé el rumbo de mi vida para analizar mis contras, cambiar de plan y decidir seriamente mi destino. Tomé la decisión la cual cambiaría mi vida por siempre. Decidí cambiar virtualmente cada aspecto de mi vida. Decidí que nunca me conformaría con menos y que podía llegar a ser cualquier cosa que quiera, siempre y cuando me proponga; e incluso si Dios me lo permite, quizás algún día me proponga volar. ¿Qué puedo hacer hoy, que haga una diferencia en mi vida? Me decía... Así, que luego de un periodo auto didacta, de intensa tutoría, meditaciones profundas y dedicación total, seguí neceando como todo un buen necio-porfiado hasta que me logré estabilizar en la universidad de Guayaquil-extensión Milagro. Una vez ahí entendí que nadie logra nada en la vida, hasta que no se lo propone. Sabía que la universidad de Milagro no tenía tantos laureles como las otras escuelas anteriores, pero en realidad no me importó. Lo que sí tomé en cuenta es como desde ese mismo momento mi vida navegó más prospera en el mundo de las posibilidades. Mi dedicación era ahora completa; mi esfuerzo extraordinario, mi actitud radiante y mi enfoque bien firme. Ya no temía hacer tareas, tampoco me sentaba perplejo a los exámenes. Había vencido en ese momento a mí mismo, mí Yo negativo-mí más fuerte enemigo. El temor al fracaso, el complejo de sentirme tan insignificante, la insuficiencia de no poder valerme por mí mismo y la inseguridad mostrada en cada decisión eran las sombras que opacaban mi porvenir. Más adelante, y dejando modestia aparte me comenzaron a llamar "el cerebrito." Con semejante apelativo -de ni creer- me moría de la risa y decía entre mí, si supieran la clase de bruto que fui tan solo un año atrás.

Ahora me di cuenta que mientras más avanzaba el tiempo, más me alejaba de esa bestia cuadrúpeda que todavía sobrevivía dentro de mí. Repentinamente me di cuenta que había vencido al ocio, la pereza, la mediocridad y el que-me-importismo; y sabía que desde ese momento estaba en absoluto control de mi destino y que ahora podía vencer cualquier obstáculo que se atraviese en mí camino. Ese bendito día desapareció dentro de mí esa sombra que nublaba mí porvenir, y un YO anhelante y soñador volvió a nacer. Ahora un niño de espíritu inquebrantable-necio-porfiado-nacía dentro de mí. Es cuando mí visión se iluminó de luz divina y empecé a ver el mundo con otros ojos; a jugarme las posibilidades y sin miedo y a paso firme avanzar hacia el progreso; a brillar con la luz de Dios en su propio firmamento; el de llegar al nivel de competir sin temor con los más célebres ilustres, porque sí ellos pudieron-ahora yo también podía. Aprendí a volar de la mano de mis más caros anhelos, a soñar con lo imposible y mis más fervientes ilusiones. Aprendí que los recursos necesarios para convertir los sueños en realidad, están dentro de nosotros mismos-esperando ansiosamente el despertar para ser accionados. Me interesé profundamente en las lecturas y al concluir ese año lectivo-y sin ánimo de presumir, rompí unos records en matemáticas establecidos por estudiantes anteriores a mi. Y como para otros resultaría como cobrar un penal sin arquero, para mí fue como haber llegado a la luna en bicicleta.

Más sin embargo las posibilidades debían seguir ya que sí en un año pasé de burro-a-estudiante de honor, me sentí curioso y hambriento por explotar más de mis limitaciones intelectuales-todavía ocultas dentro de mí. En ese peldaño de mi vida miré hacia atrás para ver lo que había logrado y enseguida gire hacia adelante para ver que faltaba por hacer. Mi primer año había resultado un éxito; el segundo podía haber sido igual de acreciento, más sin embargo se me había presentado un nuevo reto en el extranjero.....

Una vez aquí en los Estados Unidos, comencé a estudiar matemáticas, física, química y todas esas materias que una vez odiaba y para mal de mis pesares esta vez lo tenia que hacer en Ingles. Después de haber estudiado seis años con él teacher Guerrero, lo único que me acordaba era el verbo TO BE. Al principio era bien frustrante ya que nadie hablaba-cristiano y yo sin poder entender ni papa. Era fácil de desanimarse, ya que la universidad era bien exigente; sí los mismos gringos se despechaban, peor uno pobre que venía a jugar de visitante.

Los problemas culturales me hacían sentir tan minúsculo en la sociedad; el sistema educativo era bastante metódico, actual y complejo; el vivir cotidiano era tan incomodo para mí, que me parecía estar usando calzoncillo ajeno y aparte de todo tener que liderar con la dolorosa y perpetua nostalgia de estar alejado del país que uno más ama. Sin amigos, sin los seres que siempre estuvieron a mí lado y sobre todo sin amor.

Sin embargo, esta vez ya estaba curado del espanto. Tal es así que los pelotazos de la vida los aprendí a bajarlos con el pecho. En el campo, aún jugando de visitante esta vez ya NO estaba dispuesto a ser goleado; así que me paré firme a jugar de igual a igual. Luego de esos días calamitosos me di cuenta que puedo ser un goleador... Después de todo mi tía tenía razón, SI soy un necio-porfiado.

Con todos esos pesares bajo el hombro fui en busca de un título académico; esperanzado que llegue el día brilloso de una feliz culminación; el de convertirme en alguien. Todavía ni estaba seguro de lo que llegaría a ser, de lo que sí estaba seguro era de que NO me conformaría con ser un burro en tierra ajena; ¡No Señor! NO me conformaría con ser realista y soñar con los pies sobre la tierra, cuando lo que YO quería era volar alto.

Años más tarde, luego de tormentosos sacrificios y exagerados esfuerzos; donde el desbordante sudor y las caudalosas lágrimas fueron mi pan de cada día, subí a unos peldaños importantísimos en mi vida al conseguir mi primer título académico en artes dramáticas y medios de comunicación en Hunter College de la ciudad de New York. Antes, en los años de secundaria ni siquiera podía dar una lección oral ante mis compañeros porque me temblaba todo-y hasta ganas de orinar me daba. Hoy, vacilante y lleno de orgullo subo a escenarios con cientos de personas a hacer shows-en vivo o en video, participo en festivales, presento conferencias en colegios, universidades, hospitales. La idea es que antes tenía miedo, ahora voy en contra del miedo y créeme que me va mucho mejor.

Seguido a esto, he conseguido un segundo título académico y con orgullo en el mejor hospital de cáncer de los Estados Unidos-Memorial Sloan-Kettering Cáncer Center. Ahora ya no me siento tan burro, y gracias a Dios ahora soy un tecnólogo de radiación del equipo de oncología. Si ese maestro me viera quizás no me lo creería; y si YO me conformaba con ser realista-con los pies sobre la tierra, quizás nunca lo hubiera logrado; quizás... En fin a quién le importa un comentario mal fundado y malicioso, si es Dios quién finalmente me impulsa a forjar mi destino. Uno se proyecta las metas, con la fe de que si lo va hacer, se mantiene el enfoque vivo y la perseverancia a flor de piel el resto es cuestión de que la gelatina se cuaje-para empezar a cosechar los frutos anhelados. Algunos pensaran que tal vez estoy ostentando mis logros, más sin embargo, mi objetivo es otro. El de mostrar de donde vengo y hasta donde se puede llegar; el de convencer al mundo de que Dios existe y con su ayuda todos podemos. Más sin embargo el deseo de llegar a ser alguien no es suficiente, cuando la persona no acciona hacia su cometido.

Mi próximo proyecto es terminar mi maestría de física-nuclear en el campo médico en Columbia University; mí anhelo más grande es de participar en proyectos científicos de programas de la NASA, o subirme en un cohete con destino a Marte; o quizá un premio nobel. ¡Quien quita! La idea, es que soñar no cuesta nada. A mí me dijeron que sea realista-con los pies sobre la tierra, y ese consejo me impidió soñar y casi me lleva a ser un burro vitalicio. Mi consejo es que NO seamos realistas-ni pongamos los pies sobre la tierra, seamos irrealistas; soñemos con los pies levantados; vayamos en contra de la corriente. Mi secreto es que decidí ser lo contrario de lo que me dijo ese profesor y ahora me va mejor que a él. Tal vez es bueno ser necio-porfiado; tal vez es bueno ponerse metas bien altas, aferrarse a un Dios todo poderoso... ¡Lo que sí no es bueno, es sentarnos a esperar a que los burros vuelen! Algo que cambio mi vida para siempre fue como un muchacho Alemán, quien era a un principio tímido, retraído, con dificultades en el lenguaje y lento para aprender; igualito a mi, al punto que en la primaria le colocaban orejas de burro y lo sentaban en un rincón mirando hacia la pared; y un profesor le dijo que nunca llegaría a ser nada. Asi que cuando llegó a la universidad de Zúrich fue rechazado, años mas tarde, fue profesor de esta misma universidad y nombrado el principal pensador científico… Consecuentemente obtuvo el premio novel de física. Su nombre… Albert Einstein.

La vida por aquí fue muy dura. No es como la Disneylandia que me había imaginado antes de venir; tampoco me tocó recoger los dólares del piso como me habían contado unos amigos. Aquí las probé de todos los sabores. Y los obstáculos que me hicieron tropezar, jamás me tumbaron; mejor me endurecieron, si alguna vez caí-fui parado y listo para seguir adelante; yo se que la vida a veces puede ser dura, pero la vida le endura a uno de tal manera que uno se curte y se vuelve mas duro que la misma dureza. Yo no quería defraudar a Dios, ni a mi familia, ni a mi patria. Muchas veces me he preguntado como fue que llegue hasta aquí, ya que apenas dormía cuatro horas al día-cuando podía. Mi abuelo antes de morir me dijo que eso era gracias a la machica, mi tío piensa que pudo haber sido los chochos, mis primos dicen que fue los llapingachos y mi tía querida cree que es gracias a la terquedad y testarudez que Dios me ha dado ante las adversidades.

Ahora, es tu turno amigo de cualquier parte del mundo, Ecuatoriano, Alauseño, Gonzalino-que buscas un porvenir mejor. Te invito a que te tires un clavado hasta el fondo de tu ser, donde se encuentran ocultos tus más fervientes deseos de superación. Te invito a que descubras la caja de sorpresas que Dios tiene para ti; a que persigas tus más caros anhelos; a que saltes más alto la inmensa barrera de la ignorancia, la mediocridad y el conformismo. El mundo se hizo para ser conquistado y pertenece a los soñadores que piensan que lo imposible no existe. Aférrate a Dios, con Él todo es posible y no necesitas de mas nadie.

Recuerda que en tu intento de conquista vas a encontrar muchas barreras que tratarán de hacerte caer-y hasta quizás te encuentres con maestros que te digan “no puedes”. Sin embargo, el Maestro de maestros te dice que si puedes, entonces a quien le vas a escuchar. No importa cuántas veces caes, sino las veces que tu estés dispuesto a ponerte de pie; erguido y con la frente en alto. También recuerda que ni la mejor escuela te forma completamente, ya que con el tiempo Dios se encarga de formarte y no termina de hacerlo sino hasta el día de tu muerte. Que importa sí te graduaste de La Salle, El González Suarez, o el Alemán, sí al final la escala del éxito estará determinada por la gran voluntad de Dios, que se reflejara en tu latente carácter de perseguir lo que más anhelas. Tampoco creas que tendrás más ventaja comiendo ensalada rusa, langosta, ravioli, caviar o fettuccini; sí con chochos, machica, morocho, llapingachos y tripa mishqui... Yo lo he logrado.

Tú vales mucho y ahora es tu turno de mostrar al mundo que tan necio eres para seguir porfiando. Hoy es cuando se debe hacer brecha a los impedimentos. La diferencia entre la vida y la muerte; el éxito y el fracaso; lo que la gente quiere que seas y lo que TÚ eliges ser, está determinado por una decisión. ¡TU decisión! Este es tu turno de encaminarte por un sendero más próspero y fecundo hasta la cima, para ahí poner bien en alto el nombre de Dios; para ahí poner bien en alto la bandera que te cobijó por siempre. Nunca te olvides de dónde vienes ni a dónde vas. Como combustible aliméntate de la sangre de Cristo, llena tu corazón de recuerdos familiares y siente el apoyo de toda la gente que confía en ti-eso es invaluable. Yo así lo hice y tengo a Dios como testigo de que si se puede. Y sí YO pude, cualquiera lo puede hacer; y te aseguro que TÚ también lo harás.

Alauseño confío en ti, siempre pa' lante, deja tu huella y que Dios te bendiga por siempre.