"Una fiesta Cerquita del Cielo"

El Miércoles 28 empezó con la consabida Misa Solemne pero ésta vez oficiada por dos diferentes curas de los invitados, seguida con una gran Procesión que recorrió gran parte de la ciudad, las personas participaban en ella con mucha devoción, Alausí era un pueblo sumamente católico; la presidía el padre Estrella.

Narrada por: Victor H. Acuña

Ese primer día de las fiestas había sobrepasado todas las expectativas que habíamos tenido los de la “ganga” sobre las fiestas, estábamos prácticamente mesmerizados por todo lo que habíamos presenciado ése día, y lo único que podíamos pensar era en lo que todavía faltaba por venir, discutíamos cada detalle del juego de esa tarde, los más conocedores discurrían sobre las tácticas que iba a tener que usar el equipo alauseño, especialmente “contra esos longos de Achupallas, los que jugaron hoy y le dieron una paliza a los de Huigra, estȧn buenazos, el “ponedor” que tienen parece una cataculpa”.

 

Para gran satisfacción ése Lúnes llegaron en el tren mixto de Guayaquil algunos prominentes alauseños que no podían faltar en las fiestas de su pueblo. Venían risueños y felices de estar en su tierra, y desde ya muy elegantes. Venían así para que todo el mundo los vea lo prósperos que estaban en la gran ciudad. Había algunos profesionales entre ellos, con exitosos bufetes, porque la verdad sea dicha no había alauseño fracasado fuera de su querido terruño. Todos eran recibidos con muestras de alegría de sus coterráneos, como si fuera que ayer nomás habían estado juntos en la 13 de Noviembre; don César Soria estaba en la estación para recibir a su hijo mayor el Carlitos, gran comerciante en Guayaquil, y por supuesto no le podía faltar el fino poncho. También llegaron algunas damas alauseñas éstas si derrochando elegancia, desde ya se veía que la competencia por la mejor vestida iba a ser feroz. Ah….y al día siguiente Martes 27 vendrían los de Quito. Otro espectáculo.

 

El programa del Martes 27 estaba dedicado totalmente a los deportes, por supuesto después de la Solemne Misa de ésa mañana oficiada ésta vez por otros dos sacerdotes, de los invitados por el padre Estrella. Como a las 10am empezó el primero de los juegos de football, que no era un campeonato como lo era en el volleyball porque no todas las parroquias habían mandado equipos representativos, de todas maneras donde jugaban los equipos era solamente en la plaza que se realizaban las ferias los días Jueves, que no era sino un gran cuadrado sin el tamaño reglamentario para ése deporte, en realidad totalmente inapropiado. Alausí no tenía una cancha de football, ni algo que se le asemejara para el efecto. Sin embargo dos equipos jugaban ahí con mucho entusiasmo en el primero de tres o cuatro más que se realizarían en ésa modalidad. Bastante más apropiada era la cancha para el basketball que empezó ésa misma tarde, era un espacio al lado izquierdo del edificio de la 13 de Noviembre, entre ésta y la casa de un señor oriundo de Naranjito que la había comprado para que su familia la ocupara todos los años que venía de vacaciones, la cancha era reglamentaria y estaba pavimentada. Aquí se iba a jugar basketball masculino y femenino, para lo cual algunos equipos representantes de las parroquias habían desfilado vistosamente uniformados, precedidos por sus madrinas, ah….todas estas ceremonias eran muy amenizadas por la banda municipal que habían ensayado día y noche, y que se turnaba con la banda militar, y el Saguahy se esmeraba en brindar refrescos a todo el mundo. De verdad que se notaba que los equipos de Alausí eran muy superiores a los enviados por las parroquias; de otro cariz lucía el volleyball, la lucha aquí iba a ser encarnizada especialmente contra el equipo de Achupallas, que se vislumbraba como el equipo a ganar, por lo menos su triunfo contra el representativo de Huigra había sido aplastante, mostraba gran cohesión y clase en todos sus componentes, aunque claramente se destacaba el “ponedor” que era un gigante con un brazo que más parecía un ariete cuando disparaba la bola al otro lado. El equipo de Alausí debutaba ésta tarde contra el de Guasuntos y la cancha contigua al terreno donde después se construiría el Hospital estaba repleta de seguidores que no cesaban de alentarlo, lo estaba haciendo bastante bien contra los guasunteños que tampoco eran unos amarrados, es que todos los equipos representativos eran muy parejos, lo de Huigra posiblemente fue sólo una presentación desastrosa. De todas maneras iban a haber algunos juegos más para que se dilucide los que iban a ser los finalistas de ese torneo, claro que todos anhelábamos que Alausí sea uno de ellos, pero en realidad la cosa se veía algo complicada. Se jugaba hasta dos partidos cada tarde, pero todavía faltaba ver jugar al equipo de Sibambe que se sabía que también era muy bueno.

 

El Miércoles 28 empezó con la consabida Misa Solemne pero ésta vez oficiada por dos diferentes curas de los invitados, seguida con una gran Procesión que recorrió gran parte de la ciudad, las personas participaban en ella con mucha devoción, Alausí era un pueblo sumamente católico; la presidía el padre Estrella rodeado de los prelados que había invitado, todos luciendo magníficas túnicas. Cargaban la efigie de San Pedro el Patrón de la ciudad con gran unción todos coreaban cánticos religiosos. Ya a media mañana se estaba jugando otro partido de football sin mucha concurrencia, la verdad que deslucía mucho que no hubiera una buena cancha, apropiada por lo menos, para practicar éste deporte en Alausí, con lo popular que es en todo el país, pasaría unos años antes de tenerla. Enseguida vino el Torneo de Cintas donde estaba prácticamente todo el pueblo presente, se lo estaba realizando en el sitio más apropiado, en La Avenida, por frente de una Capillita que había ahí y donde yo hice mi Primera Comunión. Qué galanos se veían los jóvenes montados en sus magníficos corceles, haciéndoles dar piruetas a propósito para impresionar a todo el mundo pero sobremanera a las “guambras”, uno de los Velasco montaba un caballo de ésos que se llama “de paso” que más parecía que bailaba levantando las patas delanteras con un garbo y elegancia impresionante, son de una raza especial muy costosos y más costoso es entrenarlos debidamente. Bueno, era la época en la cual las personas se ufanaban con el mejor caballo que poseían así como ahora se vanaglorian con el mejor automóvil. Los participantes hacían trotar sus briosos animales a propósito en un calculado exhibicionismo, hasta cuando eran llamados para que traten de ensartar una cinta, si uno lograba hacerlo venía henchido de orgullo donde la donante para que se la acomode en el torso, y ay…si la suerte le había deparado la dicha que la cinta sea la de su amada, entonces sí que se acercaba no montado en un caballo sino como en una dorada nube para con exagerada cortesía pedirle a ella que con sus adoradas manos coloque el emblema en su pecho, para murmullos y aprobación de los testigos y veladas envidias de las que también tenían puestas sus ojos en el ansiado prospecto. En realidad era un torneo muy galano, digno preludio de lo que vendría después: las Corridas de Toros, donde ya lo que estaba envuelto era hasta la integridad física de los toreros, esto sí era como quien dice “cosa de mayores”.

 

Los juegos de basketball eran también muy concurridos, aunque se notaba una clara superioridad de los equipos de Alausí sobre los de sus parroquias, que se hacía más evidente aun en la categoría de damas; las “guambras” se estaban luciendo y ganaban con facilidad a sus débiles oponentes, con gran satisfacción de los padres, hermanos, primos, tíos, amigos y “chamacos” que iban ahí en tropel a alentarlas. “Puchaa hesssmano – decía algún seguidor – tu Rosita de vessdad que está jugando de primera, éste año vamoss a exigiss que la seleccionen para el equipo del Chimborazo que acuda al Campeonato Nacional. No pesss si sólo mandan riobambeñas que no le llegan ni a los talones a tu “guambra” ahora tiene que isss una alauseña carajo” “ah sí carajo, yo me he de iss a Riobamba y no regreso sin que seleccionen a mi “guambra”, contestaba el padre“Y de verdad que la Rosita mostraba verdaderos dotes de gran jugadora, era rápida, encestaba de tres veces dos que es tremendo promedio, alta y muy decidida para el rebote y era incansable; en fin, tenía mucha “fibra” para el basketball y en justicia debería estar en el equipo representando a su Provincia. Los partidos de volleyball eran capítulo aparte, Alausí sufrió un poquito, pero no tanto, para doblegar a Guasuntos. Tixán debutó contra la débil Huigra que por lo menos hizo una presentación más decente. El juego entre Achupallas y Sibambe sí que fué todo un espectáculo, la poderosa Achupallas tuvo que de verdad “soldar” para vencer a Sibambe, que también se vislumbraba como un rival de sumo cuidado. Definitivamente las finales entre Alausí contra Achupallas o Sibambe iban a ser “de película” y eso se iba a ver al día siguiente Jueves que casi todo el día iba a estar dedicado al volleyball, porque ya desde el Viernes no habría más lugar sino para los toros. Se jugaban dos y tres partidos todos los días, a veces hasta cuando estaba un poco oscuro ya empezando la noche, en ésa cancha rudimentario ni pensar que hubiera iluminación que de todas maneras con la luz tan pobre de Alausí de poco le hubiera servido. Se corrían apuestas de mucho dinero en ésos partidos, especialmente de parte de los achupallenses que habían venido en masa para apoyar a sus jugadores y poner sus bolsillos en el propósito; ahora, aquí me pregunto, ¿acaso habrán participado los jugadores en las apuestas? o acaso recibían bonificación de los apostadores por sus buenas actuaciones, en todo caso cualquiera de las dos situaciones era ilegal.

 

Ahora, ya se había empezado a construir la empalizada que rodeada la plaza donde se iban a realizar las Corridas de Toros, era el espacio abierto que estaba al frente de la Iglesia Mayor, que ahora servía para las ferias de los días Domingos. El Comité había trabajado arduamente en la asignación de los espacios para construir los palcos, por supuesto que todo el mundo quería las mejores ubicaciones que eran frente a frente a la Iglesia, pues el toril de donde saldrían los toros se iba a acondicionar en un espacio que quedaba precisamente a un costado de la Iglesia, entonces los del frente tenían la mejor posición para estudiar al toro que salía del toril. La venta de los espacios para los palcos se habían negociado hace algunos días, la discusión ahora era sobre la ubicación que se daba a cada poseedor, lo que requería una paciencia infinita de parte de la comisión de asignaciones, que tenía que aguantar hasta acusaciones de favoritismo, las cuales tenían una triza de verdad; no se podía esperar que un comisionado reciba un espacio mal ubicado después del mucho trabajo y sinsabores que había puesto en las fiestas, porque la realidad era que hasta los comisionados tenían que comprar los espacios, ésta era posiblemente la mayor fuente de ingresos para el Comité y había todavía tantas cuentas que saldar. Los únicos que recibían espacios libre de pago eran las muy principales autoridades del Municipio, la plana mayor de la unidad militar si había una a la sazón en la ciudad, al padre Estrella se le invitaba a asistir a las corridas junto con sus prelados invitados pero nunca iban, la Reyna y su Corte de Honor tenía un lugar prominente. Y eso era todo, desde el Nelsinto y todos los miembros de su Comité, pasando por don Bolívar Guerra y el Prioste, todos pagaban. Fervientemente se empezó a erigir la empalizada, en la cual don Antonio Mora trabajaba como un poseso dirigiendo las cuadrillas; éstas iban acabando un tramo de la fuerte empalizada y ya los interesados empezaban a construir sus palcos encima de ella, y enseguida a acondicionarlo y amueblarlo de acuerdo a la importancia del dueño, y en eso corrían competencia las familias, un elegante palco era la muestra del poder y la riqueza del poseedor, y del buen gusto de la doña porque lo adornaba hasta con cortinas. Los carpinteros hicieron su agosto trabajando hasta bien de noche para cumplir con los pedidos, por supuesto sólo pararon para ir a divertirse en el Baile Popular. La empalizada y los palcos tenían que estar terminados a no más tardar del Jueves 29 por la tarde, ya el 30 por la mañana se instalaban los innumerables negocios de comida y tragos que se iban a llenar los bolsillos en los tres días de las Corridas.

 

Temprano ésa noche empezó el primero de los Bailes Populares con los que el Municipio agasajaba a su pueblo, y éste sí que de verdad era un evento popular en toda su extensión. Había una especie de plazuela cerca de la estación de ferrocarril, por donde termina La Avenida, entre los rieles del desvío que hacia un gran arco por atrás de la “13” y una manzana de casas que así mismo habían sido construidas formando un arco y que dejaba un espacio entre las casas y los rieles, espacio que se extendía hacia abajo hasta el frente de la “13” y bordeaba por el otro lado con la estación. Por una razón indeterminada ésta plazuela se utilizaba para la feria de las frutas creo que los días Viernes, aquí se vendían productos netamente costeños como ser yuca, plátanos, guineos, mangos, piñas; es decir, eran productos venidos del sur en un tren por la mañana de ése día y que inmediatamente se comercializaban porque eran de fácil deterioro. Arriba, entre los rieles y las casas estaba erigido un tablado donde una orquesta con mucho ruido y entusiasmo mantenía a la gente bailando. Aquí sí que de verdad estaba reunido el puro pueblo que alegremente disfrutaba de las fiestas de su querida ciudad; los Quishpe, los Maguay, los Salasaca etc. se habían sacado sus ponchos, lucían sus camisas blancas abotonadas hasta el cuello, no usaban corbatas por supuesto, estaban muy limpios y planchados ellos; ellas con el mejor de sus vestidos, el floreado, invariablemente calzando zapatos blancos de taco bajo, muy maquilladitas, con el azabache pelo recogido en un nudo hacia atrás de la cabeza. Bailaban incansablemente, eso sí tanto hombres como mujeres haciendo periódicas visitasa las largas mesas donde humeaba el “canelazo“ése trago que no se encuentra en ninguna otra parte de la tierra; era gracioso ver a esas parejas bailando, ellos no sé porque razón con las manos firmemente hundidas en sus bolsillos y ellas contorsionándose vigorosamente. Yo creo que eran dos bandas las que el Municipio había contratado esa noche, porque la música no tenía interrupción; tenían que tocar lo más alto posible porque todavía no había llegado el tiempo de los equipos estereofónicos con ésos enormes parlantes que ayudan tanto ahora a animar los bailes. ¿Hasta qué hora duraba el Baile Popular? me parece que no más tarde de la medianoche, prudentemente se terminaba a ésa hora pues ya los canelazos estaban haciendo su efecto entre los asistentes.

 

Ese Miércoles 28 por la noche, quizás a partir de la medianoche después del Baile Popular, es decir en las primeras horas del Jueves 29, en Alausí se produjo uno de los actos que la hace única para mí en el mundo entero. Es uno de esos actos de tanto amor e hidalguía por el cual se le agradece a un número señalado de familias alauseñas, precisamente por eso, por ser alauseños; y también por haber sido tan generosos al contribuir con dinero y persona al bienestar de su querido pueblo, más aun en el momento más bello de esa ciudad, en la celebración de sus fiestas patronales y para las emblemáticas Corridas de Toros en las cuales el alma de ése pueblo se manifiesta con su mayor fuerza. Yo creo que lo que pasa ésa noche en Alausí no sucede en ninguna otra parte del mundo, que yo sepa, quizás en Puerto Rico hay algo parecido, me dicen que para la época de las Navidades y hasta los Santos Reyes hay ahí una cosa que la llaman las “parrandas”, es cuando salen los vecinos a visitar a las familias del barrio para con ellas farrear y comer de lo lindo, pero en el fondo es distinta a lo que se da en Alausí, aquí el motivo y la manera es distinta, es única; y posiblemente ahí se termina la lista. Yo sé que Uds. están ahora mismo pensando que esto no es sino una imaginación, una exageración, un puro fanatismo alauseño; puede que sea todo eso, dejo a sus criterios juzgarlo. Yo sé que Uds. están ahí diciéndose: pero ya, ya, hasta cuando éste hombre no va a terminar de explicarse y seguir con el asunto. Es que ay…no sé ni por dónde empezar, se me hace difícil poner mis pensamientos en orden.

 

Bueno, vamos a ver, ¿han oído Uds. hablar del Albazo?

 

Miren. Otro de los asuntos en el cual el Comité de Festejos pone su mayor atención y cuidado es en la elaboración de una lista selecta de alauseños, los mejores, las mejores familias, los que más han contribuido al bienestar de su querida ciudad. No es una labor muy fácil, aquí sí que tienen que ser cuidadosos para no herir sensibilidades. Son las familias que van a ser visitadas en las noches del 28 y 29, más digamos en las madrugadas del 29 y 30, con el Albazo, uno de los mayores actos de amor y reconocimiento.

 

Una comisión del Comité generalmente presidida por el jefe de ella, en este caso el Nelson Velasco, sale ésas noches a visitar las casas de los selectos miembros de la lista. Unos cargadores van con ellos acarreando un gran fogón conteniendo un recipiente donde está hirviendo una riquísima sangría. Les acompaña la banda del pueblo que toca una tonada única, una sola, repetida una y otra vez en el transcurso de las visitas; una tonada que no se toca en ningún otro instante del año, solamente para ésa noche, y que todo el mundo se la sabe en Alausí porque la ha oído tantas veces a través de los años en las fiestas de San Pedro. Ser seleccionado para que la comisión vaya a las puertas de una familia, a saludarla y ofrecerle el Albazo, era un signo de distinción deseado fervorosamente por ésa familia, y sería recordada por ella como “la vez que tocaron a nuesssta puessta y nos ofrecieron el Albazo, no la podemos olvidass así no másss” por supuesto los que tenían la seguridad que serían visitados se preparaban para recibir a los comisionados de la mejor manera.

 

Al filo de la medianoche del 28 empezó su labor la comisión del Albazo, era una numerosa comitiva si se cuenta los muchos portadores que se requerían para cargar el pesado fogón con el gran recipiente de la sangría, a más de la banda de músicos y bastantes curiosos que se sumaban al grupo. Empezaron a marchar por abajo, por la estación, y la primera familia que fué visitada fué la de don Tobías Moreno pues vivía en los altos de su negocio que estaba situado precisamente frente a la estación de ferrocarril; la banda no cesaba de tocar la tonada del Albazo cuando un comisionado ligeramente golpeó la puerta de don Tobías, pidiéndole disculpas por atreverse a importunarlo tan tarde en la noche. Don Tobías se tomó un prudente tiempo para abrir la puerta, no se vaya a pensar que él estaba muy ansioso de recibirlos; “don Tobías le pedimos con todo respeto que nos acepte en su digna morada, y que Ud. y su distinguida familia nos conceda el honor de servirse un vasito de una humilde sangría con nosotros, como un envío especial de San Pedro para Ud.” “Uds. han concedido un honor inmerecido a ésta humilde familia al visitarnos esta noche, sean todos muy bien venidos” Ay…Dios, cuánta hidalguía, cuántos buenos modales se desplegaban entre ésos alauseños que dicho sea de paso se conocían muy bien, no podía ser de otra forma en un pueblo tan pequeño. Después del brindis venía una animada pero corta charla; los comisionados informaban a don Tobías que ya todo estaba en perfecto orden para las Corridas, y recibían de éste las congratulaciones por el buen trabajo hecho. A todo eso la banda seguía entonando sin cesar la música del Albazo allá abajo en la calle. Súbitamente aparecía la Sra. Luisita, la dama de la casa, con un charol lleno de unas exquisitas pastas “serviránse pess unas pastitas preparadas por mí y mi Juanita” “cuánta molestia doña Luisita, están deliciosas, nos dice que su Juanita la ayudó a prepararlas, Dios…como que ha heredado su toque mágico para la cocina, eso es proverbial aquí en Alausí, qué feliz va a ser el dichoso que la haga su esposa” “ay…ni diga Nelsinto, la guambra todavía no está preparada, ja...ja” Bueno, a veces las madres son ciegas con respecto a sus hijos, sus hijas especialmente, esa guambra estaba ya más que lista. Así transcurrió ésa primera visita, hasta que el Nelson anunció que lamentaban mucho tener que retirarse tan pronto, que ya no era dable importunarlos por más tiempo, y que además tenían que hacer otras visititas. Don Tobías y doña Luisa protestaban que de ninguna manera se sentían molestos, que comprendían que la noche iba a ser larga para el pobre Nelsinto y sus acompañantes. Y así con ésas demostraciones de la más refinada civilidad se había cumplido la primera visita.

 

 

 

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