"Una fiesta Cerquita del Cielo"

Luego de la Procesión vino el desfile de todos los equipos de football, basketball y volleyball que habían venido de las parroquias, para junto con los de Alausí participar en los diversos torneos

Narrada por: Victor H Acuña

Ahora yo le pido a Ud. querido lector que sea un poco compasivo, digamos que comprensivo, si en caso me hace el honor de leer éste librito. Quiero enfatizar que lo que aquí he tratado de describir son acontecimientos ocurridos hace más de 70 años, vistos a través del prisma de un niño de 12 años de edad, que sólo vino a realizar después de unas cuantas décadas que había vivido y crecido en un Paraiso de la Tierra, en un sitio de ensueño llamado Alausí, donde jugό y corriό libre como el viento, donde tuvo la dicha de elevar su primera cometa desde una lomita llamada Lluglli puesta precisamente para ese objeto por el Misericordioso Dios en el mismo centro del pueblo. Haquerido, éste remedo de escritor, poner ésos recuerdos en éstas líneas, para que queden como una especie de constancia y no se pierdan para siempre dentro de un poquito tiempo. Lo que aquí he escrito sucedió, los personajes que aquí actúan fueron reales y en algunos he usado sus nombres propios, los nombres de otros los he suplantado porque no los recuerdo. Fueron seres humanos con más virtudes que defectos, si he sido injusto con alguien sólo pido perdón por mi desatino, jamás ha sido mi propósito el herir susceptibilidades. He dramatizado quizás un poquito ciertas situaciones para hacer algo más ameno el relato, pero el fondo es el mismo. Yo sé que si estas líneas llegan a los ojos de los muy pocos que aun existen y que vivieron en los días de ésta historia, me van a mandar a decir porque de seguro no pueden hacerlo personalmente: “mono bruto….primero, quién te ha autorizado escribir sobre Alausí, si vos ni alauseño eres pess carajo; segundo, no sabes ni de lo que estás hablando porque tal y cual cosa sucedió así y no como tú lo ponėsss carajo, y eres tan burrooo que hasta te olvidaste de tal o cual cosa” A mí no me quedaría si no doblegarme ante tanta amabilidad, y hacer rectificaciones si se deben hacer; pero sí me tocaría ripostar: “el bruto eres vos carajo, yo soy más alauseño que vos, no nací ahí pero todavía estaba prendido al seno de mi madre cuando me llevaron ahí, y no salí de mi tierra si no cuando tuve 17 años. En cambio vos carajo, naciste en Alausí pero estudiaste y pasaste en Quito todo el tiempo e ibas al pueblo solo para pasar vacaciones, tú en realidad no creciste en Alausí” ja….ja. Ese es un acertijo que he tenido que defender muchas veces en mi vida, siempre que a través de los años me ha tocado reunirme con alauseños. Para un alauseño quién que no ha nacido legítimamente en Alausí no es sino un osado extranjero usurpador.

 

Después de éste breve interludio ya no me queda si no regresar al hilo de esta historita, y fijarme nuevamente en el calendario de las fiestas que escribí en la página anterior, y desde ya noto que está incompleto en muchos aspectos. Por ejemplo no menciono para nada la Sesión Solemne que tuvo el Consejo Municipal para inaugurar oficialmente las fiestas, dar la bienvenida a algunos visitantes importantes, y repartir condecoraciones a unos cuantos merecedores. También el Municipio auspició Torneos Literarios e inauguró algunas obras aprovechando la ocasión, en fin, algunos eventos que no sabría donde intercalar en el calendario. Otra cosa que he notado ahora es que menciono sólo una Pelea de Gallos, que va, todos los días hubo una y muy concurrida. También hubo más eventos deportivos pues todas las parroquias mandaron equipos a competir en las diferentes especialidades; incluso las muchachas tuvieron su certamen de basketball femenino. El volleyball definitivamente se jugó más veces, pues ése es un deporte que se practica entusiastamente especialmente en la sierra ecuatoriana, con la curiosa modalidad local de tres contra tres, muy diferente a la regla oficial en ese deporte; aquí la competencia fué encarnizada, con asistencia de mucha gente, y de muchas personas haciendo apuestas cuantiosos a favor de sus preferidos. Ser juez o árbitro en uno de esos apasionados juegos de volleyball es hasta cierto punto algo peligroso, un fallo cuestionable de uno de ellos puede poner en riesgo hasta su integridad física. Así mismo no sé donde intercalar más de ésos juegos en el dichoso calendario. Yo creo que hubo muchos eventos que se interpusieron, es decir que había tanto que ver y en qué participar que posiblemente hubo dos o tres al mismo tiempo. En realidad el Municipio, la Iglesia, el Comité, el Prioste, todos se aunaron para dar a Alausí una semana y más de alegría y completa francachela siempre con el objeto de superar éste año al año anterior en todo lo que se daba. Lo central para la celebración de San Pedro eran las Corridas de Toros, éste era el momento para el cual el pueblo entero había vivido por todo un año, era el instante soñado por viejos y jóvenes; en los viejos para revivir hazañas pasadas, en los jóvenes para dar rienda suelta a la adrenalina, y demostrar a la “guambra” de sus amores lo “macho” que es su pretendiente, pues le iba a dedicar precisamente a ella el mas arrojado “lance” al toro más bravo, para que ella ahora sí definitivamente se fije en él.

 

Se puede decir que las fiestas empezaron el Lunes 26 con la exhibición de las tres colchas que tres de las damas más prominentes habían cedido para los Toros. Ah….pero estoy equivocado, todo empezó con una solemne misa ofrecida por tres sacerdotes invitados especialmente por el padre Estrella, fué un ceremonial de primer orden con los curas luciendo sus atuendos más excelsos; seguida por la primera de las procesiones con asistencia de casi todo el pueblo. Ahora sí se abrió un salón que había en el edificio del Municipio dedicado precisamente a eso: a exhibiciones. Las colchas ocupaban tres espacios prominentes en las paredes, para que todo el mundo pueda admirarlas fácilmente, y la verdad que las personas se tomaban largo rato en hacerlo sin cesar de exclamar sus asombros por las obras de arte que estaban viendo. Porque eso era lo que eran esas colchas: unas verdaderas obras de arte, que hubieran podido ocupar dignos lugares en cualquier museo del mundo. Es que ésas monjitas de Alausí se habían esmerado en sus obras. Eran unos cuadrados del más fino paño o terciopelo, de suaves colores, bordados o pintados exquisitamente con motivos típicos, enmarcados con hilos de oro en toda su extensión que caían como una suave felpa. Aquí sí había un verdadero problema para determinar cual colcha era de categoría A nada más para ser toreada el primer día de toros; entonces venía la A+ para estar presente en el segundo día; la A++ era la de honor, para el último e inolvidable día de toros de ése año, para ser ligeramente cosida al lomo del toro más salvaje de todos y que estaba destinada para el pretendiente de la donante que desde ya había hecho prevalecer su derecho de torear ésa colcha para él; el jurado que determinaba las categorías de las colchas tenía que ser necesariamente anónimo porque iban a salir muchos egos heridos en la selección. La colcha para el tercer día fué la de la Marujita, que había encargando lo mejor de lo mejor a las monjitas sin importar el costo, era la figura de un soberbio, criminal, salvaje toro negro como el azabache, con los ojos inyectados de rabia y el hocico babeante de ira, al que el valiente torero le estaba doblegando con un experto lance para arrebatarle la ansiada colcha de su amada; toda ella finamente bordada - no pintada - con hilos de oro o traslúcido algodón negro o de otros colores, formando un bello conjunto que quizás era la mejor colcha hecha en Alausí por mucho tiempo.

 

También estaban en exhibición ahí las diez y tantas cintas para el Torneo de Cintas. Otras obras de arte de las monjitas de Alausí, que yo creo que de ésa manera las calladas y estrictas madres del Convento demostraban su amor por la ciudad, si bien es verdad que obtenían un buen provecho económico por hacer sus bellas obras, también es verdad que necesitaban mucho de ésos fondos para mantener el costoso Convento y Colegio. Es posible que todo el año se la pasaran ya diseñando los nuevos modelos para San Pedro, con la seguridad que iban a recibir los encargos. Las cintas eran anchitas, de colores diferentes, seguramente de la más fina seda, con flecos de hilo de oro a sus lados, pintadas o con diseños bordados a todo lo largo, igualmente con el nombre de la donante escrito con letras de oro, eran pues bellísimas. En un extremo tenían sujetas una argollita de no más de 3 centímetros de circunferencia, que era por donde se tenía que ensartar el punzón del concursante; quizás era de 1 metro de largo, y se la enrollaba suavemente en un larguero de madera situado como a 3 metros de alto que formaba un marco firmemente enterrado en la tierra. El propósito era que el concursante montado en su caballo, corriendo en un trote ligero con una fina y puntiaguda vara de madera, ensarte la argolla, haga que ésta se desenrolle fácilmente al continuar corriendo con su caballo, para entonces acercarse triunfalmente - con la cinta ondeando cuan larga era – donde la Madrina donante del trofeo para que ella con sus propias manos se la envuelva en su torso. Las Madrinas de la Cintas eran escogidas por el Comité ahora sí en forma más democrática, entre señoras, damitas y hasta niñas de la localidad. Así mismo las Cintas se exhibían en el Salón de la ciudad, para admiración de todos, y desde ya para ser escogidas por los “interesados” que decretaban que la cinta de su “guambra” estaba destinada para él y solo para él, y que mejor nadie trate de ganársela si no quería tener problemas con él, pero de todas maneras la competencia por las mejores cintas era muy reñida. Ah….pero aquí también intervenía el padre Estrella, porque en un pueblo tan católico como Alausí casi todo tenía que ser bendecido debidamente por la Iglesia, y las colchas y cintas no podían ser la excepción, el carismático cura acudió prestamente para con toda la pompa acostumbrada en éstos casos proceder a bendecirlas; claro que ahora venía asistido por dos curas más de los invitados para las fiestas, ja….un acto tan solemne no podía ser ejercido de otra manera.

 

Luego de la Procesión vino el desfile de todos los equipos de football, basketball y volleyball que habían venido de las parroquias, para junto con los de Alausí participar en los diversos torneos en esa semana de fiestas. Qué emocionante era ver desfilar a todos los atletas muy uniformados con los colores de sus respectivas parroquias, y sus bellas madrinas muy sonrientes. Las que se llevaron las palmas fueron las muchachas jugadoras de basketball, un torneo que se iba a dar por primera vez pero que sólo tenía tres participantes: Alausí, Achupallas y Guasuntos, donde las alauseñas eran las favoritas. A media mañana empezó la Pelea de Gallos, la primera de una programación que se iba a tomar casi toda ésa semana de festejos, y es que habían venido los grandes “galleros” -como se les llamaba - desde tan lejos como el Perú. Esa es una actividad que obsesiona a mucha gente, y en la cual se han perdido y ganado fortunas, porque una vez que una persona queda contagiada con ésa idea fija en su espíritu no se puede desprender de ella nunca. Cada cual había traído dos o tres gallos especialmente preparados y entrenados para la pelea que iba a tener, a muerte, con su contrincante; por muchos meses sus dueños los habían cuidado con una dedicación obsesiva, precisamente para estar en Alausí para las fiestas de San Pedro, pues se conocía que la ciudad era un gran centro donde se enfrentaban los mejores gallos del Ecuador, y a donde venían los “galleros” con los bolsillos repletos para las apuestas, que realmente eran millonarias. Ahora no me acuerdo dónde quedaba la Gallera, ¿no estaba cerca del Hospital en los terrenos que la familia Cattani cívicamente cedió a la ciudad? pero si séde seguro que era un pequeño coliseo con un redondel no muy grande donde se soltaban a las aves para que peleen hasta la muerte; siempre eran de una raza especial, con unos espolones fuertísimos que eran aguzados especialmente para que con una sola estocada maten a su rival. El pequeño coliseo siempre estaba lleno a reventar, de una multitud vociferante que hacía un escándalo fenomenal. Ahora lo que siempre ha sido un misterio para mi es cómo se hacían las apuestas y cómo se las mantenía; en medio del estruendo alguien gritaba: “voy 100 a 80 al giro colorao” y alguien contestaba así mismo a gritos: “pago” y ya, ya estaba hecha la apuesta; cómo sabían quien había apostado a quien simplemente está fuera de mi comprensión. El “copetudo” asestaba una mortal estocada al “giro colorao” terminando así con sus problemas, y el de “100 a 80” se acercaba cumplidamente con su billete de 100 para depositarlo en las manos del que “pagó” la apuesta. Nadie jamás ignoró o dejó de pagar una apuesta, si lo hubiera hecho posiblemente no entraba más en una Gallera, en ninguna Gallera. Ese era el evento más concurrido por los conocedores de los gallos, solamente superado por los toros e igualmente discutido con todo apasionamiento por sus seguidores, pues así como se conocen las características de un boxeador, también se hablaba que tal o cual gallo había ganado con el uso mortífero del espolón de la pata derecha, y su manera especial de clavar su ganchudo pico en el contrincante.

 

Por la tarde de ése primer día de festejos se corrió la Carrera de Bicicletas. Bueno, les confieso que ahora estoy algo dudoso que se haya producido éste evento de alguna manera, por uno o dos motivos, primero para ésa época habían muy pocas personas que poseían bicicletas en Alausí, sólo unos cuantos privilegiados, el Guido Cattani ha de haber sido uno de seguro, uno de los Velasco por supuesto, el Ortiz hermano mayor del Aquiles miembro de nuestra “ganga”, el Herdoiza, el Naranjo por supuesto, y prácticamente ahí se me acaba la lista, así que no deben haber habido muchos participantes en la carrera; pero era algo nuevo, algo que estaba remplazando al caballo, por lo tanto es posible que sí se dió el evento. Ahora, en dónde se pudo haber corrido la carrera de ése nuevo vehículo para ésos años es cuestión aparte; debe haber sido en la Avenida, esa amplia calle que partía de la finca de los Cattani hasta llegar a la estación del ferrocarril, era el único espacio suficientemente amplio, plano y largo en la ciudad para correr ésa carrera. Pero, yo le pido a algún alauseño de la época que esté leyendo este librito que me corrija, pero con tolerancia, que considere que lo que aquí estoy escribiendo ¡es una memoria de hace 70 años! que no me llame bruto sino unas dos vecitas, ja….ja.

 

El segundo evento de la tarde, el comienzo del Campeonato inter-cantonal de Volleyball sí fué de ribetes memorables, porque ése es un deporte de lo más popular especialmente en la serranía ecuatoriana; primero se presentaron debidamente uniformados los equipos de cada una de las parroquias alauseñas y el de la cabecera cantonal, el de Alausí, seis equipos en total con sus respectivas bellas madrinas, iban a ser varios encarnizados juegos porque todos tenían que jugar entre sí, y dos vueltas. La modalidad del volleyball ecuatoriano se ha apartado considerablemente de la reglamentación internacional para ése deporte, y aquí es discutible si al haberlo hecho así lo convirtieron en algo más dinámico y único. Para empezar se juega tres contrincantes contra tres, en el mismo tamaño de cancha, ¿internacionalmente creo son seis contra seis verdad? A los tres se los llama: el “pasador” y el “ponedor” son los dos de adelante junto a la red, el de atrás es el sacrificado “volador” que cubre todo el ancho de la cancha, y el nombre de “volador” está sabiamente aplicado aquí porque el pobre de verdad tiene que volar con agilidad extrema de un lado al otro de la cancha para tocar la pelota. Este generalmente pasa la bola al “pasador” – ¿no lo llaman también “acomodador”? – quien le acomoda la bola al “ponedor” en forma amplia, boleada, arriba, junto a la red, para que el “ponedor” brinque lo más alto posible en el aire y potentemente la impulse donde el contrario, o diestramente la coloque en una esquina fuera del alcance del “volador” enemigo. Este, el “ponedor” generalmente es el capitán del equipo, es el más alto, fuerte y atlético de los tres, las jugadas se hacen para él; el mejor “ponedor” se eleva como un cohete y asesta un manotazo a la bola con la mayor fuerza posible, con un impulso tan fuerte que hace difícil que el contrario la pueda captar, a ése golpe lo llaman popularmente allá el “rompe manos” y patéticamente a veces es eso mismo. Aunque el “ponedor” inteligentemente recurre a menudo a eso, a colocar la bola suavemente en la zona desguarnecida de la cancha contraria, o atrás, en la esquina más inaccesible para el pobre “volador” rival. Eso hace del volleyball ecuatoriano sumamente ágil y dinámico. En cambio su sistema de puntaje es un poco enrevesado y lento, y se explica así: el equipo A tiene la “data” o saque de bola, la dispara a donde el contrario, éste riposta, la bola va y viene en jugadas de mucha calidad, finalmente el equipo A hace una mala jugada o no puede contestar adecuadamente a la jugada del equipo B; internacionalmente eso significaría un punto a favor del equipo B y tener la bola para sacarla, en el Ecuador no es así, aquí el equipo A solamente ha perdido la “data” pero no punto, la “data” pasa al equipo B, éste equipo puede ganar un punto sólo si además de tener la “data” el equipo A hace un error. Así puede pasar la bola de un contrario al otro sin proporcionarle realmente un punto, lo que hace el sistema un tanto más lento, pues completar los 15 puntos para ganar el juego se puede tomar un largo rato, porque además tiene que ganarse con dos puntos de diferencia, es decir 15 a 13, o 17 a 15, y así indefinidamente. No sé si me explico adecuadamente, en realidad hay que observar el juego detenidamente, adentrarse en él, para comprender la curiosa modalidad ecuatoriana como se lo juega. Ese primer juego fué entre dos equipos representante de las parroquias, y fué disputado encarnizadamente, desde ya se deslumbraba que no iba a ser muy fácil para el equipo de casa ganar el campeonato como todo el mundo ansiaba, es que el volleyball se juega en cada pueblo del Ecuador, especialmente en la región interandina y hay jugadores muy buenos en cada sitio. Ahora, ¿dónde estaba situada la cancha de volleyball en Alausí?, yo creo que por unos terrenos al final de la quinta de los Cattani, por ahí años después se construyó el Hospital, o ¿estoy equivocado? Una cosa fué cierta, estuvo sumamente concurrido el juego, la gente estuvo alineada alrededor de la cancha porque ahí no había graderías como en un estadio, la cancha era a campo raso, aunque como en una nota amable y simpática había cerca una larga mesa donde unos voluntarios servían por la libre refrescos a los presentes, parece que el Prioste, había empezado con buen pie.

 

 

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