"Una fiesta Cerquita del Cielo"

Las fiestas de San Pedro y San Pablo

El parque 13 de Noviembre años 30 donde se realizaba la corrida de toros San Pedro
El parque 13 de Noviembre años 30 donde se realizaba la corrida de toros San Pedro

Capitulo 5

Narrada por: Victor H Acuña

Tan importante como las Corridas de Toros para las fiestas de San Pablo y San Pedro era la elección de la Reyna de Alausí, la Reyna que iba a presidir todas las fiestas, que iba a representar el alma y el espirito de la ciudad en los festejos en honor de sus Patronos. Ella es la que iba encarnar la belleza y pureza de la mujer alauseña, la Soberana que iba estar en los corazones de todos los alauseños, grandes y chicos, y lo iba a hacer por un año completito, hasta el próximo año, hasta las fiestas de San Pedro del siguiente año cuando entregaría su Cetro a la nueva Soberana, de la misma manera que ella lo había recibido ahora de su predecesora. En su elección estaba dedicado enteramente el Municipio de la ciudad, pues ahora sí que se trataba de algo de carácter oficial; ella no solo iba a Reinar en las festividades, sino también representar al Municipio y la ciudad en muchos actos nacionales; iba a ser una Embajadora de la belleza, gracia, elegancia, inteligencia y pureza de la mujer alauseña en muchos eventos nacionales, por lo tanto el Municipio tomaba muy en serio quien iba a ser elegida la Reyna por ése año, generalmente se candidateaban tres o cuatros señoritas de lo mejor de la ciudad, es decir la auspiciaban grupos o comités de amigos o familiares que iban a trabajar como poseídos para que sea elegida, pero el Municipio se aseguraba que las chicas tengan los atributos de pertenecer a una familia representativa, ser sobre todo soltera y se la conozca de impecable reputación, tener una buena educación pues iba a tener que desenvolverse en círculos de gran refinamiento cultural, y ser bellas y de porte elegante. Solamente en las clases más altas de la sociedad alauseña se encontraba una niña con todos esos atributos, por lo tanto no se sabía que alguna vez el Municipio haya desaprobado la pre-candidatura de una señorita. Con el debido visto bueno el grupo o comité tenía que ir a la casa de la señorita para recabar el permiso de los padres de ella para candidatearla y aquí si hubieron ocasionalmente ciertos frustraciones pues algunas familias eran tan “encopetadas” que consideraban que el tal Reinado era un evento algo indigno para su elevada posición y no daban el permiso anhelado. Pero cuando todo encajaba en su debido orden, los entusiastas jóvenes de tal o cual comité por tal o cual señorita se dedicaban a trabajar con alocada dedicación para que su candidata sea la Reyna. Organizaban fiestas, juegos, comidas, reuniones en casa de amigos, todo para suplir al Comité con los fondos necesarios para comprar más votos para su candidata, porque eso era otra cosa, todo el proceso de la Elección no era sino una forma que el Comité de Festejos de las fiestas de San Pedro tenia para hacerse de las ingentes sumas que se necesitaban para tantos eventos; el Comité emitía cantidad de votos, a un precio unitario, que los diversos grupos compraban para hacer triunfar a su candidata, mientras más enconada era la campaña de elección más votos emitía el Comité de Festejos, para gran deleite de ellos. Si los padres y familia en general de una señorita candidata era adinerada, gastaban ingentes sumas por su querida hija lo cual era otro factor de importancia en la elección, mucho dependía de cuan entusiasta o encaprichado esté el papacito para que su Rosita sea la Reyna de Alausí ese año. “No pues, ya la familia tenía que tener una Reyna, es intolerable que los Riofrío han tenido hasta dos y nosotros todavía ni una” era la exclamación del orgulloso papá. Ah…. y se daba el caso que cuando la Rosita ya tenía un admirador de “recursos” misteriosamente aparecían más y más votos en su favor en los escrutinios previos al gran conteo final. “No pues, de seguro la Reyna es la Rosita, don Carlos está gastando un dineral, y también el “guambra” ése está metiendo plata, ¿de donde la habrá sacado?” “ha de haber vendido una o dos vaquitas, decía otro, el “guambra” ya tiene hasta una manada, el padre le ha ido dando animales” un tercero decía “o el mismo papi le ha de dar el dinero, él le da lo que le pida” y otro más terciaba “no pues, con las ganas que tienen de casar al “guambra” con la Rosita no importa el dinero que gasten para hacerla la Reyna” “pero verás, don Carlos dizque no está muy contento que ese “guambra” le esté “arrastrando el ala” a su Rosita, dice que el “guambra” viene de una familia de “paperos” y su Rosita se merece algo mejor” Ah….Alausí, ahí también se aplicaba el sabio adagio de “pueblo chico, infierno grande”, tenía su apropiada cuota de procacidad. Y así pues, ya Uds. pueden imaginarse cómo Alausí vivía en esas semanas previas a la fiestas, unos momentos de completo alborozo con tantas fiestas y reuniones de los comités que querían nombrar a su preferida para Reyna de nuestra bella ciudad.

 

La persona más ocupada en ésos días era don Bolívar Guerra. En él había recaído otra vez la compleja tarea de organizar la parte artística de las fiestas; algo que lo venía haciendo año tras año sin ninguna remuneración, sólo por la satisfacción de trabajar por su pueblo, y hasta tenía que soportar algunas veces las críticas y enconos de personas llevadas por la envidia y la malicia. Don Bolívar fué otro de esos alauseños que enriqueció la vida de su querida ciudad; qué afortunada fué Alausí de haberlo tenido. Era músico, poeta, bohemio. Se encargaba de mantener vivo lo que había de artístico en la ciudad; para el efecto había fundado, y mantenía casi siempre con su propio peculio un Centro Artístico, al que le dio el inspirado nombre de La Lira Alauseña. El pretencioso Centro no era sino un pequeño salón que arrendaba en la casa de don Bolívar Guerrero, más me parece que el señor Guerrero se lo había cedido libre de renta, total, pocas eran sus esperanzas de obtener un alquiler medianamente cumplido. En el saloncito había unas cuantas sillas y mesas, seguramente regaladas por alguna familia de la localidad que de todas maneras tenía el problema de deshacerse de ellas. Ahí se reunían ocasionalmente don Bolívar y un grupito a hacer música, cantar, recitar algún poema o ensayar una obrita de teatro, pasaban alegres momentos contándose cuentitos y bromeando entre sí, de repente don Bolívar secundado por su medio-hermano el Edmundo arrancaba a tocar un sentido pasillo o un movido pasodoble, y enseguida surgían las voces de dos o tres de los presentes para cantar la tonada. Casi siempre eran dos hermanitas, las Campao, que formaban un acompasado dúo de dulces voces; así transcurrían las tempranas horas de la noche para ésos bohemios que no tenían otra manera de hacerlo, pues en la ciudad no había ni siquiera una sala de cine todavía para pasar las incipientes películas que se estaban filmando en Méjico y Argentina, y las trasmisiones de radio estaban a años de entrar en la pequeña ciudad.

 

La actividad en La Lira ahora era febril, se estaba preparando ahí la Gran Velada que se presentaría para las Fiestas, en la que solemnemente se Coronaria a la Reyna de Alausí, un acto en el que tendría que presentar un inspirado discurso el Presidente del Municipio que seguramente ya lo estaba preparando con la ayuda de buenos asesores, so pena que alguien murmurara “oíste hablass al Wilfredo? carajo, no sabe deciss bien ni una sola palabra, no sé porque lo nombramos Presidente del Consejo” ay…. Alausí, tenías tus cositas. Don Bolívar trabajaba sin descanso, primero diseñando todo el esquema de Velada, luego escogiendo a los participantes idóneos para cada acto, que luego tendría que entrenarlos debidamente, el arreglo de los escenarios era producto de su inspiración. Él lo era todo, era la voz final en cada detalle, las pocas personas que lo ayudaban lo hacían más en la parte física del todo siempre con su aprobación final. La Velada no era nada sencillo, era un completo acto lírico, teatral y literario que duraba como dos horas, para lo cual se preparaba especialmente un gran salón de actos que había en la escuela de niñas Inés Jiménez con capacidad por lo menos para 200 personas. Abría el acto siempre con una presentación de baile típico producida por un grupo de niños y niñas de quizás 12 años de edad, le seguía posiblemente dos parejas de jóvenes interpretando un fogoso tango argentino. Una bella muchacha o un apuesto joven salían a recitar inspirádamente. Un corto intermedio para preparar el escenario para el acto de teatro ligero e hilarante que hacia destornillarse de risa a los asistentes que copaban el sitio totalmente; le seguía un dúo o trío para interpretar dos o tres canciones internacionales que estaban haciendo “furor” por la época, generalmente eran boleros de moda. Ahora venia el acto supremo: la entrada majestuosa de la Reyna de Alausí con su Corte de Honor, para ser proclamada oficialmente como la Soberana de Alausí para las fiestas de San Pedro y por todo un año hasta las próximas fiestas; el derroche de Opulencia y Elegancia de todo el Séquito era de ensueño. El porte y belleza de Rosita envuelta en su dorada capa de puro armiño era para quitar la respiración de cualquiera, más aun de su papá don Carlos, su mamacita y el resto de la familia sentados en primera fila que la contemplaban arrobados con lagrimas en sus ojos. El Wilfredo más tieso que un pingüino en su planchado traje negro procede a su “breve” acto de Proclamación para lo cual produce algunas páginas de papel donde ha plasmado su inspirado discurso.

 

Otro intermedio para situar a la Reyna y su Corte en un sitio de honor y preparar ahora el escenario para el dramático acto teatral de fondo que llenaba de emoción a la concurrencia. Finalmente, majestuosamente entraban las Campao cantando un sentido pasillo o pasodoble con el exquisito acompañamiento de la mandolina de don Bolívar y la soberbia segunda guitarra del Edmundo; aquí sí que como se dice “se venía abajo el techo del salón”, la gente las aplaudía a rabiar, tenían que venir bien preparados para más de tres números porque el público simplemente no las dejaba despedirse. Qué bella era la Velada, y todo era una producción completita de don Bolívar, que yo digo hubiera hecho fama en cualquier teatro de Broadway de New York; otra cosa, siempre se necesitaba la “música de fondo” para los diversos actos y para animar los intermedios, y aquí nuevamente don Bolívar con su genio recurría a la rudimentaria banda de músicos de Alausí, escogía tres o cuatro de los mejores, los agrupaba en una orquestita y pacientemente hacía que ensayaran una y otra vez hasta que armonizaran bastante bien en las intervenciones musicales que iban a tener. Y qué les parece que todos los cantantes, declamadores, bailarines, artistas ligeros y artistas de carácter eran ordinarios habitantes de Alausí, increíble, que una ciudad pequeña sea semillero de tanto talentoartístico.Pero como siempre algún odioso disconforme tenía que decir “no pess, mejoss estuvo la Velada del año pasado, el Bolívar como que está perdiendo el toque” ay…. Alausí, aunque sí había alguien que replicara “y pess carajo, con quien lo vass a reemplasass envidioso e mie…”Pero aquí surge una pregunta obligada: de dónde sacaba don Bolívar tanto material para hacer sus Veladas? se dice que poseía una colección completita de obras teatrales ligeras y dramáticas de origen español que las había venido recopilando a través de los años, con gran dedicación y no menos gasto de dinero; todo para ponerlo un día a disposición de su pueblo sin esperar ningún pago o recompensa. Me pregunto: quién tendrá ahora todo ese legado de amor, ¿quién de sus herederos poseerá esa riqueza? ojalá que sea alguien que aprecie el tesoro que tiene en su poder.

 

Y a todo esto dónde estábamos nosotros el grupito de guambras que habíamos sido testigos de algunas cosas que estaban convulsionando la ciudad. Nosotros simplemente estábamos en el 5º Cielo; discutíamos largamente todo lo que estaba pasando, y cada día se hacía más largo que el otro en la desesperante espera hasta el mes de Junio donde las gloriosas fiestas iban a darse; qué lentamente transcurrían para nosotros las horas. No nos quedaba otra cosa que hacer sino observar las idas y venidas de los mayores que ahora sí estaban frenéticamente en los trabajos de las fiestas. Sabíamos quienes habían sido nombradas las Madrinas de las Colchas y la de las Cintas y hasta teníamos conocimiento de los secretos diseños que se habían encargado a las monjitas, alguien de nosotros “inocentemente” había escuchado a sus hermanas y tías los comentarios al respecto. Los ensayos de la Velada se estaban haciendo con toda dedicación en el salón grande de la Inés Jiménez, pero de todas maneras no nos dejaban entrar para nada “váyanse guambras que aquí estorban” nos decían. Pero con gran sorpresa don Bolívar un día llamó al Washo Palacios, para que haga un pequeño papel en el drama Teatral Ligero, porque le habían dicho las buenas condiciones histriónicas que tenía nuestro amigo, y de verdad que era bueno para eso, nosotros lo llamábamos el payaso del grupo porque siempre nos mantenía riéndonos con sus cuentos y chistes. Bueno, eso era un consuelo, por lo menos uno de nosotros iba a tener una actuación en la Velada, aunque después íbamos a tener que aguantarle todas sus pedanterías por haber sido el único seleccionado con tan alto honor de entre nosotros, eso sí que iba a ser un calvario, haber actuado en una Velada lo ponía al actor en un pedestal especial, del cual el Washo no iba a querer bajar fácilmente para gran aguante de nosotros de todos los días.

 

Se trabajaba en Alausí a ritmo acelerado, pero con mucha seguridad; las cosas iban cayendo en su lugar poco a poco. Las Madrinas de las Colchas y las de las Cintas habían sido ya nombradas, sin muchos resquemores; las monjitas del Convento habían recibido los encargos, y mandaron cumplido reporte al Comité que ellas tendrían las preciadas obras de arte a buen tiempo, que no se preocuparan. En lo que si estaba inmersa la ciudad era en las campañas electorales de los diversos grupos que auspiciaban su candidata favorita para Reyna de Alausí, con gran beneplácito del Comité de Festejos porque eso significaba que tenían que emitir más boletas electorales, con más ingresos que se necesitaban para cubrir los grandes gastos que se presentaban a diario, especialmente en la preparación de la Velada, porque aquí sí es verdad que don Bolívar exigía lo mejor de lo mejor para el vestuario de sus actores y el arreglo de los escenarios. El Comité tenía que recurrir a la benevolencia de los diversos comerciantes de la ciudad, para que cedan sin costo parte de lo que se necesitaba y abran crédito por el resto, con la promesa de que todo se pagaría con los ingentes ingresos que iba a dar la Velada. Otra cosa, el alauseño es alauseño esté donde esté, no importa lo bien asentado que esté en otro sitio, o la posición social que haya logrado ahí, él siempre es alauseño y su querida Alausí está siempre en sus corazón, y a hablar con ese alauseño el Comité destacó comisiones; fueron a Guayaquil, a Riobamba, a Quito y a algunas otras partes con su propio peculio, a dar una visitita a abogados, doctores, dentistas, profesores, comerciantes y hasta a simples mecánicos, a recordarles que eran sobre todo alauseños; tenían que ir personalmente, primero porque todavía no era el tiempo del teléfono y segundo porque la cortezía mandaba que el asuntito a tratar tenía que hacerse en persona. Y así por ejemplo, el Carlos Soria en Guayaquil dejaba al lado su ocupadísima atención al gran negocio que tenía en la mejor zona comercial para recibir a los visitantes: “Nelsinto, cómo estás? y vos, Arbolito, qué bien se te ve, decía” “no….no, si ya los estaba esperando, hasta estaba preocupado pensando que ya se habían olvidado de mi, aquí ya les tengo un chequecito preparado, dirán no más si no es suficiente, y yo les “aflojo” más platita. Sobre todo Nelsinto que no me gane el abogaducho ese del Luis Riofrío, me tienes que decir lo que él da y yo lo igualo o supero” Ah….los alauseños, eran igualitos en cualquier parte. El Nelson Velasco le respondía con la misma finura de un caballero “no pesss Carlitos, ante todo vengo a darte un abrazote y preguntarte como están tu bella esposa Rosita y tus guambras, de los negocios ni que hablarrrs se ve no más que ya no tienes ni tiempo para contar los billetes, ja….ja. Pero veráss, vengo a invitarte personalmente a los Toros, no vayas a ser ingrato y fallarnos, sin vos en Alausí para San Pedro nos faltaría algo, ya tenemos separados dos asientos en primera fila para vos y la Rosita para que nos honren en la Velada. Pero qué es esto Carlitos, qué, te sacaste la lotería o haz vendido un vagón enterito de lentejas a buen precio, con éste chequesaso el Bolívar se va a caer del susto, ja….ja. Gracias por tu generosidad Carlitos, te esperamos en Alausí y no te quitamos más tiempo” “no pesss Nelson, vos como siempre tan amable, veráss, vení pesss ahora más lueguito por aquí para tomarnos unos traguitos y acordarnos de los buenos tiempos. Tengo “tapiñadita” por ahí una botella del mejor zhumir, del que nos gustan a nosotros los verdaderos longos alauseños (es que cuando los alauseños dialogaban alegremente competían en ser el más longo de los longos). Yo sí voy para las fiestas, te aseguro, y ni le voy a decirle a la Rosita todavía porque enseguida va a querer salir a las tiendas a comprar no sé qué cosas, de fijo dice que no tiene ni qué ponerse ja…ja, y mucho menos para ir a Alausí, y que se le caería la cara de vergüenza si la Marujita Guerra luce un mejor vestido o un collar más largo de perlas que ella” ah….los alauseños y alauseñas, y esto se repetía en Riobamba o Quito, donde había un alauseño para darle una visitita. Y regresaban los comisionados todos contentos, ningún coterráneo les había fallado, venían con los bolsillos llenos de las contribuciones porque para entonces no había bancos en Alausí, todo se hacía al contado. Pero así y todo habían discusiones acaloradas en el Comité, unos querían fijar el precio de las entradas a la Velada un poco elevadas para así cubrir las deudas que se iban acumulando, otros decían que no, que eso iba a producir resquemores pues menos personas podrían pagar el inflado precio, que iban a haber muchas críticas pues muchos iban a decir que “la Velada es sólo para los Niños Bien que pueden pagar la entrada” decían que la Velada es para todos, para que muchos vean a sus hijos actuar con tanta gracia, de manera que había que poner los precios de las entradas a niveles más razonables. Había que pensar en otra solución: quizás elevar un poquito la venta de los espacios donde se levantarían los Palcos, alrededor de la Plaza, para los tres días de las Corridas de Toros, esto sí se podía hacer sin muchos problemas y el dinero iba a caer a chorros “verán….hasta va a sobrar plata para el próximo año, decían muchos” y aquí sí estuvo de acuerdo hasta el Nelson Velasco.

 

¿Y qué era eso de los Palcos? Les explico. La Corrida de Toros se daba por tres días empezando el 29 de Junio hasta el 2 de Julio, y tenían efecto en la plaza que quedaba frente a la Iglesia Mayor, debajo de nuestra escuela 13 de Noviembre. Era un espacio abierto donde años después se construyó un bello parque con la ayuda de toda la población. Hasta yo puse mi granito de arena o quizás alguna piedrita o plantita cuando nos pusieron a trabajar haciendo cualquier cosita a los alumnos de la “13”, en una de las numerosas mingas que se daban continuamente. En los años subsiguientes cuando he regresado a Alausí con mis hijos y hemos andado por el actual parque, casi reventándoseme el pecho de emoción les he dicho “ven esa planta ahí, esa la sembré yo” es como un ínfimo legado que me ha tocado en suerte dejar en mi vida. Pero para la época de éste relato era una plaza descampada, vacía; se le daba eso si buen uso para efectuar ahí las Corridas de Toros de San Pedro cada año, para efecto se la cercaba por los cuatro costados con una sólida valla de postes de madera hincados en el suelo unidos con largueros de caña, espaciados hasta una altura de unos tres metros, algo parecido a las cercas de madera con que se cierran los patios de las casas ahora. Ese cerramiento lo hacía el Municipio. Entonces se “lotizaba” todo el ruedo, se lo dividía en lotes de unos 4 metros, que eran los que se adjudicaban a un precio a los diversos postores, éstos erigían un Palco por encima de los tres metros hasta donde llegaba la valla. Esos Palcos eran verdaderos recintos elegantes desde donde las familias disfrutaban de la Corrida, los alfombraban y llenaban de sillas o butacas para comodidad de señoras, señores e invitados. Las familias se disputaban en tener el mejor Palco, ay…así es la humana petulancia. Por supuesto, se asignaban lotes libre de costo a los mandamases del Municipio, posiblemente a la oficialidad de la unidad militar que a la sazón estaba acantonada en la ciudad y a la Reyna de Alausí. Y no más. El resto, aun los miembros del Comité de Festejos tenían que “aflojar” la plata si querían tener un Palco y estar en estilo para las Corridas. Además de eso, todo el espacio que quedaba debajo de los Palcos se remataba para que ahí instalen sus negocios de comida y bebida el sinnúmero de comerciantes que hacían su agosto atendiendo a tanta gente, también muy a mano a los ocupantes de los Palcos arriba de ellos. Ahora sí que se llenaba las arcas del Comité, para pagar las muchas deudas adquiridas y cubrir con largueza los requerimientos del Bolívar que sólo pedía lo mejor de lo mejor para su Velada; bueno, nadie le escatimaban un real, aquí estaba envuelto el prestigio de la ciudad: tenía que ser un evento con un derroche de elegancia donde por otro lado se iba a reunir la crema de la ciudad con el objetivo de“ver y ser vistos”.

 

Ah….pero de verdad el momento para el cual las señoras de la ciudad vivían y se preparaban con ahínco era para el Baile de Gala, que se daba el Sabado por la noche pasado el 30 de Junio, el día de San Pedro. Es que para éste gran evento ellas se alistaban a ser la mejor vestida y alhajada en el Baile, y para el efecto – pobre sus esposos – tenían que abrir sus bolsillos cuan hondo eran, no había salvación para ellos; es que sería poco menos que un desastre, si doña Rosita Soria estaba inferior en lo más mínimo en el vestuario y las prendas que su rival de siempre, doña Marujita. Ella no escatimaría en gastos para conseguir el mejor vestido en la tienda más exclusiva de Guayaquil o Quito, quizás hasta importado de Paris; y lo mismo era con las joyas que iba a lucir la noche memorable del Baile, muy probablemente que todavía pertenecían a su madre o abuelita, pero que de todas maneras ella las iba a heredar. Doña Rosita se iba a tomar todo el tiempo y cuidado en prepararse secretamente, e iba a ejercitar todos sus poderes de espionaje para saber lo que Marujita estaba preparando utilizando los ubicuos servicios de la servidumbre que hacían su labor llevando y trayendo los datos. Es que en ésa memorable noche en Alausí, un desfile de modas en Paris no le llegaba ni a los talones. Que fantástico era ver a las señoras y a las damitas entrar orgullosamente del brazo de sus esposos o de sus prometidos luciendo como verdaderas princesas, fastuosas en sus vestuario de ensueño y cuajadas de relucientes joyas, causando admiración o envidia entre sus rivales; y el saludo que se daban las “amiguísimas” era un estudio de sutileza: “qué bien que se te ve Rosita, diría Marujita, como que Tossi de Guayaquil ahora tiene un surtido de primera, es lo que debía haber hecho yo y no pasar por los trabajos de ordenar lo mío directamente de Paris” “no pesss Marujita, contestaría doña Rosita con la más dulce de las sonrisas, a veces una se engaña con eso de Paris, son muy vivos, hay que tener un extremo cuidado con ellos, fácilmente te pueden vender un vestido ya pasadito de moda, y hasta medio usado, y sin reclamo, como están tan lejos, avisparáste otra vez mi amor” ah….la mujeres, son igualitas en todas partes de esta tierra.

 

El Baile de Gala era otro evento en el que ponía todo el cuidado el Comité de Festejos, tenía que ser siempre mejor que el del año pasado, especialmente en lo que se refería a la música, para lo cual se contrataba una buena orquesta de Quito o Ambato, tenían que ser de éstos sitios porque las bandas de los serranos era la que mejor tocaría los pasillos o pasodobles que los asistentes requerirían oír y bailar en la madrugada, por el final del magno evento. Enseguida mandaron una comisión a ésos sitios a contratar con tiempo una buena orquesta de moda, no vaya a ser que ya esté comprometida para alguna otra fiesta. Y aquí sí que tenían que ir con los bolsillos bien llenos con efectivo, porque ésas agrupaciones requerirían un substancial avance en dinero contante y sonante; para éste efecto el Comité había separado prudentemente lo necesario de las donaciones que se habían recibido de tanto alauseño rico a los que se había visitado. La prominente orquesta traía todos los equipos necesarios para hacer que su música se oiga de acuerdo con su categoría. También había que hacer algún pequeño arreglo al local donde se daría el Baile, que era siempre la gran extensión que quedaba a continuación del edificio de la 13 de Noviembre que siempre estaba disponible. Ahí tiempo después se instaló el Colegio Luis Nigón. Tenía un gran patio con capacidad para que ahí bailen de lo lindo innumerable parejas, quizá habría que darle un pequeño “toque” al piso, los Saguahy se encargarían de eso con gusto y gratis como contribución a su querida ciudad, la tarima donde tendría que tocar la orquesta estaba por algún lado guardada, fué bien hecha desde el principio por el Ordoñez, el mejor carpintero de la ciudad, para que dure muchos años, también una contribución de amor de un alauseño. Y no había mucho más que hacer, si no escoger el mejor candidato que se haría cargo de la provisión de comida y licor en el Baile, esto se otorgaba bajo un sistema de concesión, o sea que algún o algunos comerciantes obtendrían por un precio global la exclusividad de proveer ésos servicios en el evento, lo cual era un magnífico negocio para el concesionado y un dolor menos de cabeza para el Comité de Festejos. El control del precio de la entrada al Baile sí era potestad del Comité que aquí sí lo fijaba alto, pues era un evento más para las clases que no tenían reparo en pagarlo, y los únicos que entraban ahí por invitación era la Reyna de Alausí y su Corte para quienes se preparaba un sitio de honor, también el Comité se reservaba el derecho de admitir o no alguien al baile, a ése evento sólo podían acudir las personas bien vestidas, tampoco podían entrar los que desde ya mostraban signos de estar borrachos, y los que en veces anteriores habían tenido comportamientos indebidos. En fin, el Baile de Gala era una fuente de buenos ingresos para el Comité.