"Una fiesta Cerquita del Cielo"

Al que se le debía coser la mejor colcha, quería saber si había “un torero en Alausí suficientemente “macho” carajo que se atreviera a torear ese toro salvaje que había mandado”.

Narrada por: Victor H. Acuña

Volviendo al Jueves 29 debo decirles que ahora sí había comenzado Las Fiestas de San Pablo y San Pedro con todo su esplendor, ése día estaba repleto de eventos, las personas tenían que escoger lo que más querían ver. Estaban en pleno apogeo los diferentes torneos deportivos y por supuesto la Gallera siempre estaba llena con los “galleros” que en realidad solo habían venido a Alausí por la célebre Pelea de Gallos con la esperanza de hacer fortunas con sus gallos, a ellos no les interesaba nada más. Los juegos de football no atraían mucha gente, los pobres jugadores hacían lo mejor posible en ésa cancha totalmente inapropiada. Los juegos de basketball eran concurridos más bien por los familiares de los jugadores animándoles ruidosamente, especialmente las del basketball femenino, donde las chicas alauseñas estaban demostrando una clara superioridad sobre sus oponentes. Los de volleyball reunían una entusiasta multitud, entre ellos muchos apostadores, donde desde ya se vislumbraba que el final entre Achupallas y Alausí iba a ser memorable, aunque Guasuntos no dejaba de ser una constante amenaza. Ese día iba a terminar el football sin mucha pena o gloria, Alausí definitivamente era el campeón; los torneos de basketball y el volleyball se tendrían que completar por las mañanas del Viernes 30, Sabado 1° y Domingo 2, antes de las sacrosantas Corridas de Toros que siempre empezaban a las 2 de la tarde. También habían empezado a llegar los turistas de muchas partes del Ecuador y hasta tan lejos como Perú y el sur de Colombia atraídos por las fiestas que eran muy renombradas, la ciudad estaba llena con caras extrañas, los trenes mixtos venían repletos con ellos; los alauseños ausentes que habían venido al principio de la semana, con qué alegría disfrutaban de su querido pueblo, una nube de amigos se encargaba que sus estadías sean de lo más placenteras. Y las señoras, ellas sí que eran capítulo aparte, habían venido cargaditas, la que menos con tres grandes maletas llenas con todo lo que hay, venían totalmente preparadas para enfatizar al pueblo lo mucho que habían prosperado en la gran ciudad, y lo bien que las trataban sus esposos. Y eso que venían a Alausí solo por las fiestas, solo por una semana; pero es que cada día tenían que lucir por lo menos tres veces un atuendo diferente, multiplicado por siete eran 21 cambios total de ropa! Ah…y los dos vestidos de gala, el de la Velada y el del gran Baile. Los esposos se hacían los muy “sufridos”por el derroche que habían tenido que hacer para satisfacer la vanidad de sus mujeres, pero en el fondo se sentían complacidos de competir entre ellos por ser el más complaciente de los caprichos de sus “amados tormentos”. Ah…pero todas ellas tenían que cuidarse de la sofisticada red de espionaje que había en el pueblo; era la servidumbre que se comunicaba entre sí para obtener datos importantísimos: “la ama Rosita va a lucirss un precioso vestido colorss fucsia con una cola que le va arrasstrass como una cuadraa pess” la información iba de un lado al otro, con la debida retribución pero también bajo terribles amenazas a las pobres sirvientas. La Marujita tenía que saber qué ponerse para igualar o superar la elegancia de la ¡Rosa esa! Ah…y así transcurría la vida en el dichoso pueblo, al que en el fondo todos querían engalanarlo en los sagrados días de sus fiestas, todos estaban felices, todos se preparaban en una forma u otra para hacer de esas fiestas el momento más inmemorable en mucho tiempo para que el querido Alausí esté de verdad orgulloso de ellos.

 

Todos soñábamos en el pueblo por el momento que se iba a dar, las fiestas en sí eran fiestas de toros, es verdad que tenían lugar en los dos días sagrados de los Patronos de la ciudad, pero el espíritu, el fondo do todo ésa celebración estaba centrada en la Corrida de Toros, y estas no se podían realizar sin el actor principal: el toro. Y ahora ya lo íbamos a conocer, ya él iba a entrar en el escenario. Todo el mundo vibraba con la expectativa de la venida de los toros, y nosotros, los del grupito estábamos sencillamente fuera de sí con la curiosidad de conocerlos y apreciar la clase de Corridas que nos iban a proporcionar. Como a las 3 de la tarde se oyó un ronco sonido que provenía de allá arriba, de la curva que hacia el camino a Tixán, estaba más arriba de la curva del ferrocarril que se llamaba “La Peña Blanca” anunciaba la venida de los toros, del ganado que nos iban a dar tres días de gloriosas Corridas. Desde Alausí se divisaba el tropel de animales que bajaban por el camino a la carrera, controlado por peones a caballo que los mantenían expertamente agrupados. Fiel a su promesa don Julio Teodoro había mandado lo mejor de su inventario, eran animales totalmente salvajes que élhabía mandado a recoger en los páramos de una de sus haciendas, quizás alguna situada entre Tixán y Palmira pero en la majestuosa cordillera oriental. Algún peón de la localidad debe haberse unido a la tropa allá arriba para guiarlos al corral donde finalmente se iban a guardar los toros, porque los de don Julio Teodoro no conocían la ciudad, igual que los toros pertenecían a la cordillera, al páramo. La gente observaba desde sitios de la ciudad, a prudente distancia, el tropel de los animales, nadie se acercaba mucho a la manada no vaya a ser que a uno de los toros salvaje se le ocurriera embestirlo, también los pocos policías y más los agentes del Comité se encargaban de mantener la gente a distancia. Bajó el hato por el camino arriba del “Puente Negro” del ferrocarril, por más arriba del Convento lo guiaron hasta cerca del Cementerio, y por ahí lo dirigieron a la finca de los Cattani que graciosamente habían prestado su propiedad para que ahí acorralen a las bestias. Ya cuando estuvieron más cerca pudimos dar un vistazo a los animales: eran como 12 toros machos, y 3 o 4 vacas; Dios…qué soberbios animales eran, don Julio Teodoro se había lucido, a todas vistas eran salvajes, la mayoría eran de pelaje negro, con los ojos inyectados en rojo, y los hocicos babeantes probablemente debido a la larga marcha que habían dado. Los peones que los habían traído no parecían ser menos rudosquelos animales, eran unos indios gruesos, con los rostros oscuros tostados por el frio cortante del páramo donde viven y trabajan, venían arropados con gruesos ponchos y unos gruesísimos pantalones hechos de cuero de ovejas sin mucho tratamiento porque todavía tenían la lana del animal, creo que se llaman “anacos”. No hablaban entre sí, solo se dirigían a los animales con unos sonidos guturales para mantenerlos en orden, de todas maneras si algo hubieran hablado no se les hubiera entendido porque lo hubieran hecho en su quechua especial. Montaban unos soberbios corceles y en sus pechos tenían cruzado unas vueltas de “veta”, unas duras tiras secas cortadas del tripaje de los animales. Esos toros definitivamente eran unos asesinos, iban a ser parte de tres días de memorables Corridas, los “valientes” de la ciudad desde ya se estaban dividiendo los que iban a torear. Había uno en particular que dizque se llamaba descriptivamente “lucifer”, que don Julio Teodoro había dictaminado debía ser toreado el último día las corridas, al que se le debía coser la mejor colcha, quería saber si había “un torero en Alausí suficientemente “macho” carajo que se atreviera a torear ese toro salvaje que había mandado”.

 

Como en una hora ya estuvieron los toros en el amplio corral que se les había preparado, ahora ya les pudimos dar un mejor vistazo desde la alta cerca que habían erigido para tenerlos encerrados; qué soberbias bestias eran, las corridas estaban debidamente aseguradas, iban a ser todo un éxito. Nosotros nos subíamos a la cerca y no nos cansábamos en observarlosy escoger los favoritos; pero teníamos que burlar la vigilancia de los que cuidaban los toros, porque al subirnos a la valla poníamos nerviosos a los animales. Lo más importante para los peones era mantenerlos tranquilos, para eso usan un rudimentario instrumento musical que los tocan constantemente, que emite un sonido ronco y fuerte que como que los adormece; consiste en una larga caña hueca que es una planta que se llama “carrizo” que en la punta tiene insertada un cacho de toro que hace las veces de una bocina, el peón tiene que soplar fuertemente para que al otro lado resuene en el cacho ese sonido tan propio, bajo, profundo, gutural que parece que les gusta a las bestias. Se le hinchan las venas al hombre en el cuello por el esfuerzo que tiene que hacer para producir el sonido, por eso se los llama “rocotos”; no se cansan de tocarlo, día y noche, para lo cual se turnan los “rocotos”; el Prioste se encarga de reforzarlos con continuas porciones de la fuerte “chicha” que se acostumbra para esos momentos. Voy a tratar de reproducir aquí el sonido especial que hacían con la larga caña y el cacho de toro haciendo las veces de bocina, sonaba algo así como: boboóboboóboboóboóbo.boboóboboóboboóboóbo….boboóboboóboboóboóbo….; háganlo con un estribillo muy ronco y monótono, repetido interminablemente, pongan sus labios como en posición de silbar pero en cambio emitan un sonido gutural salido de sus gargantas, y ahí tienen Uds. reproducido el elixir sonoro que mantenía a las bestias tranquilas. También ayudaba a mantener la calma entre los toros la presencia de las vacas, eso los mantenía unidos a la manada; para que vean que hasta entre los animales la presencia de la hembra es determinante.

 

Después de la breve interrupción para ver los sacrosantos toros, la gente regresó a presenciar los partidos, el de basketball femenino cada vez era más animado, no tanto porque las muchachas alauseñas estuvieran teniendo dificultades con sus rivales guasunteñas, sino por lo bien que se estaban desempeñando, “la guambra esa, la hija de la Rosita, está jugando como una campeona pesss” decía alguien. En el masculino también había clara superioridad del equipo alauseño, aquí jugaba uno de los dos cadetes alauseños que habían obtenido permiso del Colegio Militar para estar en la Corte de Honor de la Reyna, el “guambra” era una estrella en el equipo militar, lo cual ya era hablar de cosas mayores. Donde había verdadera animación era en el volleyball, todos los juegos eran buenos aquí, hasta el equipo de Huigra que tuvo un desastroso comienzo contra Achupallas, ahora estaba dando la pelea; ahora jugaban Tixán contra Sibambe en un juego que iba a ser para el recuerdo y para sufrimiento de los apostadores; Tixán había ganado el primer set, aunque estrecho, Sibambe ripostó para ganar el segundo e igualar el juego; el tercer set, el decisivo, se estaba alargando en forma dramática, cuando parecía que un contrincante haría el necesario punto para ganar 16 a 14, el otro lo empataba 15 a 15, y así, la ventaja saltaba alternativamente y ahora ya iban 21 a 20, y ya tenían como dos horas jugando, ya mismo se iba a poner más oscuro y el juego tendría que posponerse para el día 30 para complicar el programa de juegos de ese día que ya de por sí estaba cargado. Qué emocionantes estaban todos esos juegos, eran unos verdaderos espectáculos, los equipos estaban prácticamente nivelados, el único que se quedaba un poquito atrás era Huigra, pero ahora ya no tanto; los próximos tres días iban a ser de un volleyball de primera y ahora sí que estaba muy difícil determinar con seguridad que equipo iba a ser el campeón; los oriundos de esas parroquias habían venido en masa a alentar a sus equipos, y a apostar también en grande.

 

A todo esto el Comité de Festejos no se había olvidado de nosotros los “guambras” de Alausí, de todas maneras nosotros también éramos una parte muy importante en la ciudad, uno de nosotros, el Washo, hasta iba a actuar en la Velada claro que solo iba a recitar dos líneas en su papel de un salonero algo tonto en el drama ligero, pero algo era algo. El Comité nos deparó una sorpresa para la noche del Jueves 29, nos regaló la noche de las “Vacas Locas” para deleite de la población menor, y de algunos no tan chicos. Todo empezó en La Avenida como siempre, así mismo por frente a la Capilla, de repente salieron las “Vacas Locas” que no eran sino unos individuos que llevaban sobre sus hombros unos trípodes de madera cubiertos con unas lonas, y que terminaban en dos formidables cuernos de toros, más bien dicho: de vacas, ahora dónde estaba la diferencia no sé, las puntas de las astas habían sido cortadas para que no causen daño, y estaban envueltas con unos trapos fuertemente amarrados a las puntas, la estopa así formada estaba impregnada de keroseno y prendido para producir unos llameantes cuernos de vaca. Las “Vacas Locas” trataban de ensartarnos con sus llameantes cuernos, y nosotros la muchachada con un deleite indescriptible les sacábamos toda suerte de “lances” y les hacíamos fallar con nuestra agilidad de niños. Mientras los mayores estaban bailando de lo lindo en los Bailes Populares, nosotros muy cerquita estábamos toreando así mismo de lo lindo a las “Vacas Locas”. Hasta las mamás comprensivamente aflojaron un poco y nos dieron rienda para que disfrutemos del glorioso momento: “eso si veraáss tendráss cuidado con esos cuessrnos encendidoss, no vaya a seess que te vayaass a quemaass” ay…las madres, siempre tan pesimistas; yo creo que nunca sucedió el caso de una lesión producida por las “Vacas Locas” también debe ser que éstas se cuidaban de no producirlas. Ay Dios…de todos los recuerdos de esas gloriosas fiestas en los felices años de mi infancia, posiblemente los más perecederos, los más inolvidables son los de esa noche de las “Vacas Locas”. Qué sencillo y bueno era mi bello Alausí, qué bueno fue mi Dios al permitirme crecer en la antesala de su Paraiso. Esa noche mientras que por ahí todavía se divertían los mayores, y empezaban los acordes de la segunda noche de Albazos, nosotros los “guambras” obedeciendo los rígidos mandatos de las amorosas mamás fuimos a la cama y se nos tomó un tris más para dormir esa noche, la emoción de lo pasado nos lo impedía.

 

El mes de Junio es por mucho el más perfecto del año en Alausí, y no en vano don Pedrito había escogido el día 30 para celebrar su santo. Ese Viernes había amanecido esplendoroso, era un bello día de absoluta primavera, las personas caminaban en mangas de camisas, quizás por la noche necesitarían una simple chompa nomás. La misa de ese día fue verdaderamente solemne celebrada por el padre Estrella con la ayuda de sus cuatro curas invitados, con todo boato; no se alcanzaban a dar la comunión a la larga fila de la gente del pueblo, que querían purificarse seguramente para aligerarse del peso de pecadosen preparación de lo mucho que iban a añadir en esos tres días de festividades; la procesión fue concurrida por todo el mundo que de esa manera enfatizaban su presencia en el día más sagrado de Alausí, el de San Pedro. Después de la procesión se empezó el otro desfile, el “Desfile de la Alegría”. Pero quisiera hacer aquí una aclaración, debo ser honesto al decir que posiblemente en la época en la cual está situado este relato, en el año 1939, todavía no se realizaba el “Desfile de la Alegría” como parte de las fiestas de San Pedro en Alausí, de seguro ése fue un evento más moderno. Es que en el recuerdo de un hombre de los momentos tan felices de su niñez aparece ese feliz suceso quizás trasplantado de otras fiestas futuras. Le pido al amable lector de ésta humilde narración que sean tolerantes conmigo y la acepten como la estoy haciendo, total lo que estoy tratando de hacer es relatar una bella fiesta, y en esa bella fiesta se daba o se da siempre el “Desfile de la Alegría” que ya en otro capítulo de este librito lo he descripto. Ah… pero lo que sí debo decir es que todas las otras actividades se realizaron en las fiestas de San Pedro. Todas. Los Albazos, los Bailes Populares, la Velada, el Baile de Gala, la elección de la Reyna de Alausí, la Pelea de Gallos, los torneos deportivos, las madrinas de la colchas, las de las cintas, la Toma de la Plaza, el torneo de Cintas, las Vacas Locas, las Carreras de Ensacados, las inolvidables Corridas de Toros, etc...etc. Todas se dieron. Ah…tendré que hacer un pequeño cambio, creo que puse aquí que el Martes 27 se realizó la carrera de bicicletas, permítanme corregir para decir que en realidad fue una carrera de caballos, pues en 1939 la bicicleta no era sino un modernísimo vehículo que solo poseían dos o tres privilegiados en Alausí, ja....ja. El caballo era la forma de locomoción total en el sitio, de manera que debe haber sido una carrera de caballos, me dicen que ahora se realizan carreras de motocicletas y hasta de automóviles, cómo le ha llegado el modernismo a mi querido pueblo.

 

Bueno, definitivamente me voy a decidir a eliminar el “Desfile de la Alegría” entre los eventos de ese Viernes 30 de Junio, día de San Pedro, debo admitir que eso es algo que se implantó en las festividades algunos años después. Entonces toda esa mañana hubo gran actividad deportiva; empezando por el partido entre Tixán y Sibambe que estaba empatado y había sido pospuesto la noche del Jueves 29 y que siguió complicado porque seguían igualándose en los puntos en forma alternativa, ahora estaban empatados a 24 puntos; finalmente los jueces del partido acordaron que si el juego seguía de la misma manera hasta los 28 puntos, el ganador se determinaría al cara y cruz de una moneda lanzada al aire; no hubo necesidad de proceder a esa decisión extrema porque al fin Tixán completó 26 puntos contra 24 de Sibambe, fue un juego espectacular. Ahora solo quedaba tiempo para el enfrentamiento entre Alausí y Guasuntos, que también se vislumbraba como un juego muy reñido; ya Alausí le había ganado en la primera ronda, porque ese torneo se jugaba a dos vueltas, los seis participantes se enfrentaban todos contra todos dos veces, por eso el gran final iba a ser el Domingo 2 de Julio. También se estaban realizando los juegos de basketball, que siempre eran dos, uno el de varones y el otro el de las magníficas guambras alauseñas. La gallera estaba siempre llena a reventar, era como un mundo aparte en el que vivían los galleros, dedicados totalmente a sus aves de pelea sin importarles ni siquiera pasar un bocado de comida, y muy dedicados a sus apuestas, donde pasaban de manos grandes sumas de dinero; es a lo único que habían venido algunos de ellos desde el exterior, y por supuesto de casi todos los pueblos del Ecuador. Se estaba también dando los últimos toques a la empalizada que iba a formar el cerramiento donde esa misma tarde empezarían las Corridas de Toros, era más bien los palcos que se seguían adornando con alfombras y muebles para acomodar a los importantes dueños y sus invitados, era algo más en lo que hacían competencia las señoras alauseñas, “el mejosss palco este año es el de la Rooosita de Soria, vessrdad?”.

 

Y esa tarde al fin empezó el motivo central de todas estas fiestas, el evento para el cual el pueblo se había preparado con tanto empeño, y que había sido motivo de tanto trabajo a los mejores ciudadanos de Alausí; el acto sublime que nos había tenido soñando a los guambras por meses y meses: la primera “Corrida de Toros” de San Pedro. Ay…Dios, ya estaban ahí, ya discretamente habían llevado cuatro toros y una vaca al toril que habían preparado junto a la Iglesia, lo habían hecho con bastante tiempo para que los animales estén tranquilos para la gran faena que iban a tener que dar. Déjenme decirles algo, yo considero que la “Corrida de Toros” de Alausí es quizás el evento más democrático que se pueda dar; es donde todo un pueblo, sin distinción de clases, grandes, chicos, poderosos, humildes, ricos, pobres, patrones, obreros, señoras y sus sirvientes, señores y sus empleados, autoridades, subalternos; todos, todos estaban ahí, todos estaban igualados, todos estaban en la plaza de un pueblo para disfrutar de la fiesta más sagrada de ese pueblo. Yo creo que hasta a los 3 o 4 pobres presos que “moraban” en la humilde cárcel de Alausí los sacaban, bien amarrados eso si, a que vean los toros, ja....ja; a lo mejor sí, no hubiera sido justo que los carceleros no puedan disfrutar los toros por estar cuidándolos, ja...ja. La plaza estaba totalmente llena cuando salió el primer toro impulsado como por un cohete, dando brincos y envistiendo a todo lo que se le ponía por delante, bufaba, escarbaba furiosamente con sus pezuñas la tierra levantando el polvo del suelo en un acto como de desafío; era un soberbio toro con el babeante hocico negro y los ojos inyectados de rojo, como de sangre, el cuerpo tenía unos parches blancos, determinó con su orinasu dominio sobre el pedazo de territorio que estaba pisando. Se posesionó de la mitad de la plaza, como esperando a que vengan a disputarle su territorio; y a eso se dispusieron los “bravos” del pueblo, con rojos ponchos a torear a la bestia, a demostrarle que no le tenían miedo. Jóvenes con apellidos notables se mezclaron con los de apellidos menos importantes a desafiar a la fiera, para lo cual por supuesto tenían que “reforzarse” con uno o dos canelazitos, para el efecto la parte de debajo de los palcos estaban todos dedicados a la venta de comida y tragos, tenían un activo negocio a través de la empalizada con los “sedientos” del lado de la plaza. Los toreros primero hacían una muy ligera venia a la “guambra” que le estaba observando desde algún palco, con eso le comunicaba que iba a torear a esa fiera en el nombre de ella. Todo eso era un bello ritual. Las madres, hermanas, tías, pidiéndoles a gritos que no se arriesguen, los padres tratando de calmarlas con el argumento de que “el guambra ess buen torero, nada le va a pasassr, verass como domina ese toro” Y a dominar al primer toro de la Corrida fueron en tropel todos esos jóvenes de sangre caliente y algunos no tan jóvenes; el toro envestía indistintamente a uno y otro torero; se dice que el animal es miope y que a duras penas ve el color rojo, sí tiene buen olfato, distingue el movimiento y lo ataca, por eso el torero tiene que poner al frente de él, una capa, un poncho, algo ligero y de color rojo, y lo mueve continuamente para llamar la atención de la bestia; el animal enviste ese movimiento en línea recta y a toda velocidad bajando cuanto puede su corva cabezota; el arte del torero está en que el animal pase como una tromba tratando de ensartar la oscilante capa que le ha presentado, pero pone su cuerpo lo más cerca posible a los mortales astas, haciendo unas suertes de elegantes lances y piruetas para burlar al “bicho”; digamos que esa es la esencia del toreo: un drama en el cual el hombre se enfrenta a la bestia para establecer quién es más listo, en un duelo mortal. Bueno pero esa explicación es para las Corridas de Toros profesionales, aquí en Alausí se trataba de una fiesta, acudían los jóvenes en masa a desafiar al toro, hasta se tropezaban entre ellos, el animal lo que más tenía al frente era movedizos cuerpos para atacar, lo hacía ciegamente sin mostrar predilecciones, por momentos todo consistía de quien corría más veloz, si el osado torero o el injuriado animal que lo perseguía, el secreto del corredor era de no hacerlo en línea recta sino en forma sinuosa para desconcertar a la bestia.

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